Acorralado, Bolsonaro lanza un contraataque contra los gobernadores de Rio y San Pablo

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El presidente de Brasil festejó un allanamiento al mandatario carioca, posible rival en las elecciones.

Por Eleonora Gosman – San Pablo

Después del último fin de semana, donde resonaron fuerte los ecos de la reunión del presidente brasileño con sus ministros (donde abundaron frases punzantes e insultos), Jair Bolsonaro empezó el contraataque. Ayer se reunió con el ministro de Defensa, Fernando Azevedo, y los jefes del Ejército, la Marina y la Aeronáutica. No pararon por allí sus reuniones: sin aviso previo, visitó al procurador general Antonio Aras. Es quien tiene en sus manos habilitar, o rechazar, el proceso contra el jefe de Estado que busca iniciar la Corte Suprema. Hoy, se reveló el segundo paso. Esta vez de mano de la Policía Federal de Río de Janeiro, cuyo jefe Rolando Alexandre de Souza ordenó allanar el Palacio de Laranjeiras, la residencia oficial del gobernador de Río de Janeiro Wilson Witzel.

La operación contra el mandatario fluminense se desarrolló la mañana de este martes, con características de espectáculo. Policías de la Federal incautaron documentos, computadores y celulares. La orden procedió del Tribunal Superior de Justicia carioca, que investiga un fraude cometido por el mandatario.

Bolsonaro ya había demostrado interés específico en el caso. Ocurre que Witzel, quien llegó a la gobernación en gran medida al adherir al bolsonarismo, hace un tiempo se convirtió en un enemigo público. Para el presidente brasileño, el gobernador podía ser una amenaza a su reelección en 2022, ya que a su juicio «Witzel quiere ser el próximo presidente brasileño». Esta mañana el presidente se congratuló de la operación «Placebo», como la bautizó la propia PF. Cuanto menos, es preciso decir que le viene «como anillo al dedo». Apareció en el escenario político un hecho de corrupción cometido, presuntamente, por uno de sus principales adversarios. La acusación se refiere a delito de malversación cometido por supuestos asociados a la esposa del Witzel, quienes montaban y gerenciaban hospitales de campaña.

El gobernador de Río de Janeiro, Wilson Witzel.  

Witzel, obvio, se defendió: «No tengo ninguna clase de participación en ningún tipo de irregularidad. Me extraña y me indigna sobremanera el hecho absolutamente claro de que diputados bolsonaristas hayan anunciado por redes sociales los últimos días la operación de la Federal dirigida contra mí». De tal suerte, según el gobernador «queda demostrada y oficializada la intervención anunciada por el presidente de la República». Se refirió al deseo manifiesto de Bolsonaro en nombrar nuevos jefes policiales, tanto a nivel nacional como en el estado de Río.

Una derivación inmediata de la celebración de Bolsonaro por la operación Placebo, es la ruptura con el conjunto de los gobernadores (27 en total) que se produce apenas 5 días después de una teleconferencia que mantuvo con ellos (el jueves último). En esa cita, el presidente se comprometió a respetar una «tregua» y enviar a los estados unos 10.000 millones de dólares para combatir el Covid-19. De acuerdo con Witzel, el contraataque que lo tuvo como víctima, también «va a suceder con otros gobernadores considerados enemigos». Entre ellos figura el paulista Joao Doria.

También quedó claro, este martes, que ataques y contraataques están lejos del punto final. El senador Mayor Olimpio, del Partido Social Liberal y que apoyó fervientemente a Bolsonaro en las elecciones de 2018, hoy se pronunció en forma directa e incisiva contra el jefe del Planalto. Elegido con un record de más de 9 millones de voto, Olimpio declaró que miembros de la policía militar lo están presionando para «mantener una lealtad ciega al presidente. Me llegaron a decir traidor. Pero no lo soy. Quién esta cometiendo irregularidades de conducta es el presidente».

El titular de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, sostuvo que «el pueblo está esperando de nosotros, que tenemos mandato público, tengamos conciencia del papel a desempeñar en la búsqueda de soluciones para enfrentar el virus que mata». Reclamó, entonces, «madurez para mantener un diálogo constructivo entre las instituciones y con la sociedad». Defendió una relación «respetuosa entre los poderes» y pidió «la pacificación de los espíritus» frente al tamaño de la pandemia, que castiga especialmente a Brasil.

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