El descontento impulsa el voto a la derecha brasileña. (AP)

El 41% no votará en octubre. Y el 80% descree de los partidos, según sondeos. Entre los factores principales figuran el desempleo y la corrupción.

El desaliento que abruma a los brasileños puede llevar a un récord de abstenciones, votos en blanco y nulos en octubre próximo. De acuerdo una última encuesta de Ibope, estos representan 41% del electorado. Es un récord en estos 33 años de democracia en el país.

La misma consultora indicó que, entre los “decepcionados”, 6 de cada 10 son mujeres y transitan la franja comprendida entre los 35 y los 44 años de edad. La parte femenina de la población representa 52% del total de los ciudadanos con capacidad para votar.

Lo que pesa entre los desilusionados son los escándalos de corrupción que han manchado a los principales partidos políticos, entre ellos el que está hoy en el gobierno: el Movimiento Democrático de Brasil. Pero el hecho tendría menor gravedad en un contexto económico diferente.

Con una actividad que no se recupera y altos índices de desempleo, siembra la desconfianza en el potencial que tendrá el futuro gobierno para modificar la situación.

Consistente con ese escenario, se entiende que 80% de los brasileños expresen su escepticismo respecto de los partidos políticos. En 2014 era el 46%. Esos 8 de cada 10 son también un récord negativo desde 1985, cuando Brasil recuperó su normalidad institucional.

Esa incredulidad fue detectada por Ibope inclusive en una investigación cualitativa. “Los electores están sin perspectiva de mejoras”, indicó la encuestadora. “Nadie consigue ver la luz al final del túnel”. No se descarta que esa tendencia pueda sufrir modificaciones en cuanto los candidatos den inicio a la campaña. “Por ahora, las personas no consiguen identificar qué postulante podría tener chances de sacar al país de la crisis en la que está inmerso”.

Economista y socialdemócrata, Luis Carlos Mendonza de Barros sostuvo en una columna publicada en el diario Valor que todo esto refleja “el fin de un ciclo político en el país”. Añadió que los números de la economía son “terribles”.

En su visión: “En un período de 22 años, entre la estabilización del plan real en 1996 y el presente, el fin del mandato del presidente Temer registrará apenas un crecimiento de 2,4% al año; es decir, poco más de 1% per capita. Si se considera la naturaleza injusta de la distribución de ingresos en Brasil, para gran parte de la población el crecimiento será todavía menor”. En ese contexto, evalúa que “no debe llamar la atención el sentimiento de mucho pesimismo en relación al futuro”.

Doctor en ciencias sociales y profesor en la Fundación Getulio Vargas, Carlos Mello juzgó que hay un fenómeno mundial de pérdida de calidad de los líderes. Y eso justificaría que buena parte de los electores busquen retorna a “soluciones del pasado”. Afirma que esa es la explicación plausible para el triunfo de Donald Trump, con su eslogan “Make America Great Again”.

Sin ser exactamente igual, algo de eso existe en Brasil de estos días con los éxitos de Jair Messias Bolsonaro, que logró arrebatar entre 17 y 20 por ciento de los votos, según algunas encuestas. Otro tanto ocurre en el caso del ex presidente Lula da Silva, que cuenta con 30% de las preferencias, inclusive sin poder hacer campaña ya que está en prisión. “El simboliza la idea de retorno a un pasado reciente mejor”.

Hay factores adicionales para esa crisis electoral de estos días. Al vivir un mundo de incertidumbre, por los cambios económicos y tecnológicos que excluyen fuerza de trabajo tradicional, se realimenta la añoranza por un pasado “idílico”.

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