Argentina descarta cambios en la relación con el Brasil de Jair Bolsonaro y en el Mercosur

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    El canciller Jorge Faurie expone en la Cámara de Diputados. Foto Diego Waldmann
    El canciller Jorge Faurie expone en la Cámara de Diputados. Foto Diego Waldmann

    El canciller Jorge Faurie y el embajador en Brasilia, Carlos Magariños, destacaron que el vínculo se va a mantener, pese a que se hagan ajustes

    “Creo que hay que poner en perspectiva la relación entre Argentina y Brasil. Este año cumplimos 30 años de integración bilateral”, subrayó el mediodía de ayer lunes el canciller Jorge Faurie. De este modo, fijó la posición del gobierno argentino frente a las declaraciones realizadas por el economista Paulo Guedes, quien irá asumir el ministerio brasileño de Hacienda. El futuro funcionario había subrayado, ante Clarín, que “Argentina y el Mercosur no son una prioridad”. Pero anoche, el propio Jair Bolsonaro suavizó los dichos de su futuro ministro: “Nadie quiere implosionarlo, pero debemos librarnos de algunas ataduras del Mercosur”.

    El canciller Faurie se encargó sin embargo de esbozar los límites de semejante apreciación: “El vínculo entre los dos socios es previo al Mercosur y se va a mantener en ese ámbito más allá de los ajustes que proponga cualquiera de los miembros”.

    Además, el embajador argentino en Brasil, Carlos Magariños, sostuvo que las declaraciones de Guedes, que pertenece al círculo áulico del mandatario electo, no debían ser tomadas al pie de la letra ya que “fueron dichas al calor de una campaña que recién terminó ayer domingo”.

    Para Faurie es preciso “aguardar los lineamientos” que deberá dar en breve el jefe de Estado electo de Brasil. Sostuvo, también, que “los brasileños se expresaron masivamente a favor de la candidatura de Bolsonaro. Y no será un canciller de Argentina quien pueda calificarlo. No somos comentaristas de los medios de comunicación o de la televisión”.

    Y añadió que “se espera, desde luego, que a Brasil le vaya bien, porque eso podrá significar que también nosotros iremos bien”.

    En los medios brasileños hubo ciertos recelos por la repercusión de las declaraciones de Paulo Guedes, y de otros colaboradores del futuro jefe de Estado. Entre ellos, el pronunciamiento del diputado Onyx Lorenzoni, quien será el futuro jefe de Gabinete. En una entrevista con la prensa, en las puertas de la casa de Bolsonaro en Barra da Tijuca, en esta ciudad, respaldó los conceptos vertidos por quien comandará la economía de Brasil.

    Sostuvo que “Brasil debe tener comercio con todo el mundo”. Y destacó que el viaje a Chile, que figura como el primer destino del presidente –probablemente después de asumir el cargo el 1º de enero próximo-, tiene precisamente como fundamento el modelo económico chileno de apertura al mundo “que humildemente debemos adoptar”.

    Para la prensa brasileña, “es cierto que Jair Bolsonaro recibió una amplia votación que lo legitima al frente del mayor país de América Latina”. Pero enseguida se añadió que “la repercusión mundial de sus declaraciones polémicas le va a imponer una vez en el gobierno un desafío: construir una imagen de respeto y razonabilidad”.

    Según el diario Folha de Sao Paulo, “con o sin reformas económicas, Bolsonaro tendrá que deconstruir la fama de radical que se ganó en el mundo. Si falla, se corre el riesgo de aislar a Brasil en el plano internacional, algo indeseado para el comercio, el turismo, la ciencia y la cultura”.

    Para el diario carioca O Globo, el itinerario de viajes al exterior elegido por el presidente electo, “indica un cambio de ruta en la política externa de Brasil, frente a la desplegada por los gobiernos del PT que priorizó la cooperación Sur-Sur, entre bloques de países en desarrollo”. El mismo diario admite que “en su campaña, Bolsonaro priorizó las relaciones comerciales sin determinaciones ideológicas de izquierda”. Sin embargo faltaron señalar algunas cuestiones. Argentina no es cualquier socio comercial para Brasil: desde hace 15 años, el gigante sudamericano acumula saldos comerciales altamente positivos en relación a su socio y vecino.

    En 2017 fue inclusive un récord, al punto que el saldo positivo con los argentinos resultó el mayor de la historia. Según marcaron expertos, la mayor parte de productos brasileños vendidos en territorio argentino son industriales, lo que hace precisamente que esas exportaciones adquieran un relieve mayor, más aun si se piensa que China es el principal destino de las ventas al exterior de Brasil pero éstas están básicamente compuestas por commodities.

    Lo que se observa, en los distintos mensajes enviados por los equipos bolsonaristas, es que el mandatario electo pretende conseguir del Mercosur la “liberación” de las “ataduras” con los cuatro países que originalmente constituyeron el bloque. Y utilizan el caso de la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro como un emblema de los contenidos “ideológicos” en el origen del mercado común. Fuentes argentinas, que pidieron el anonimato, afirman que la intención es entrar a presión contra el bloque con el objetivo de cortar las amarras: dejar que la unión aduanera actual se reduzca a una simple zona de libre comercio. Sería de hecho el comienzo de un “Brexit”, con la “br” de Brasil por delante.

    Esas mismas fuentes evaluaron, ante este diario, que a Bolsonaro no le resultaría tan simple abandonar a sus compañeros de ruta. O sea, de repetir el mismo esquema que puso en práctica el norteamericano Donald Trump con el Nafta. Primero porque hay tratados internacionales que no se pueden deshacer de la noche a la mañana, entre ellos, el de Asunción que dio origen al Mercosur.

    Pero la pregunta clave, sobre este tema, es: ¿hasta dónde el nuevo gobierno brasileño podrá prescindir, en forma displicente de sus socios, sin dejar en sus acciones rastros de actitudes impositivas?

    Hasta ahora, la diplomacia brasileña se ha destacado históricamente por no cometer “errores”. Cuando Itamaraty promovió la consolidación del Mercosur, ratificado en 1994 durante el gobierno de Itamar Franco en Ouro Preto, pensaba en construir un Brasil potencia en el contexto regional, al que veía como una plataforma de ampliación de exportaciones y consolidación de su papel de proveedor de productos industriales.

    El plan actual apunta, ahora, al proceso contrario: la apertura al mundo, para una economía industrial, de ninguna manera podría imitar el modelo chileno. De lo contrario, procedería a liquidar industrias brasileñas que consiguieron ampliar sus mercados en la región para luego saltar al mundo. Ese el cambio de modelo que está en juego.

    Eleonora Gosman

     

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