Banqueros y empresarios de Brasil exigen la defensa de la democracia

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Banqueiros e empresários brasileiros exigem defesa da democracia

A la situación de la pandemia y la crisis económica se le suman los comentarios y actitudes del presidente Jair Bolsonaro. Por eso, referentes brasileños buscan el diálogo y pacificación política.

El establishment brasileño definitivamente no comulga con los arrebatos del presidente Jair Bolsonaro, quien desde fines de julio emprendió una guerrilla contra la Corte Suprema y, en especial, contra algunos jueces de esa institución. Hubo diversos momentos en que el jefe de Estado mencionó la posibilidad de un “autogolpe”, todo por cuenta del sistema de votación para los comicios de 2022. El último tropezón presidencial fue notorio. “Tengo tres posibilidades futuras: morir, ir preso o triunfar” dijo a sus partidarios. Y luego especificó: “Morir depende de Dios y preso no iré jamás”, de modo que la única salida que avizora para su futuro es ganar las próximas elecciones.  

Si los votos no lo respaldan, a Bolsonaro le quedaría como alternativa poner en tela de juicio la legalidad del acto electoral, a imagen y semejanza de lo que hizo su ídolo norteamericano, Donald Trump. Y buscaría embarcar en la denuncia de presunto fraude a quienes hoy lo apadrinan: militares, policías, sectores religiosos y aquellos empresarios que se beneficiaron con su gobierno. Al “desorden” e “incertidumbre” que insinúa semejante escenario, le temen las élites financieras y productivas de Brasil.

Tanto es así que circuló la última semana un manifiesto de entidades empresariales y bancarias. Bajo el título de «La Plaza de los Tres Poderes» –un espacio verde que separa, en Brasilia, a los palacios del Planalto, de la Corte Suprema y del Congreso—el establishment se pronuncia contra el clima de tensión creado por las autoridades y demanda “serenidad, diálogo, pacificación política y estabilidad institucional”. Pide, además, que el gobierno ponga su foco en el combate a la pandemia y en la recuperación de la economía. Lo firman la Federación Brasileña de Bancos (Febraban) y las más variadas federaciones industriales entre ellas la paulista FIESP, que coordinó la edición de la proclama.

Jair Bolsonaro e Donald Trump.

“El fin del apoyo del mundo financiero al gobierno se refleja en forma bien concreta en el dólar más caro y en la caída de la Bolsa” precisó un economista de la firma Necton Inversiones. De acuerdo con el ex presidente del Banco Central, Illan Goldfajn, la idea de publicar una declaración partió de la necesidad de preservar las instituciones democráticas, en un momento en que Bolsonaro había advertido que, si el Congreso no aprobaba una nueva ley electoral para reimponer el voto impreso, podría “no haber elecciones en octubre de 2022”. En una semana, el documento logró la firma de más de 25 mil personas, todas ellas vinculadas al sector productivo y financiero. No sólo se opusieron al autoritarismo demostrado por el oficialismo; también manifestaron que ese fenómeno tenía un impacto muy negativo en la economía del país. “El inversor se pregunta si habrá o no estabilidad en el país” comentó Goldfajn en una entrevista con el diario Valor Económico.

Lo cierto es que la marcha de la economía brasileña dista de pasar por un buen momento. El último trimestre tuvo un desempeño negativo, contra las suposiciones del ministerio de Economía: el PBI declinó 0,1%, frente a una expectativa de crecimiento de alrededor de 2%. El diagnóstico indica que el país atraviesa una etapa signada por la inflación, el desempleo y estancamiento. Según los economistas, rápidamente se agotaron las señales de recuperación registradas entre diciembre y enero últimos. En sus estimaciones, se requeriría un aumento de 5% del PBI al finalizar 2021, para salir del buraco en el que se vio inmersa la sociedad brasileña en 2020. No es esa precisamente la expectativa, sino todo lo contrario. Para sumar efectos adversos, estalló la sequía que abruma hoy al sector agropecuario, la punta de lanza de las exportaciones globales de Brasil. Los analistas dijeron que el café, el maíz y la caña de azúcar son los sectores que acusan mayor sufrimiento por la falta de lluvias y la bajante de los ríos.

Hay 14,8 millones de desempleados; entre ellos, 3,5 millones de ciudadanos no consiguen empleo desde hace más de dos años; y hay 6 millones que, desalentadas, desistieron de buscar empleo

En ese contexto, ya desde comienzos del año los brasileños sufrieron el desempleo. Hay 14,8 millones de desempleados; entre ellos, 3,5 millones de ciudadanos no consiguen empleo desde hace más de dos años; y hay 6 millones que, desalentadas, desistieron de buscar empleo.  Como correlato, la inseguridad alimentaria alcanza hoy a 37% de los domicilios, de acuerdo con la última encuesta domiciliaria. Sin embargo, Bolsonaro no pierde las esperanzas y piensa que el año próximo podrá haber una mejora de la economía, algo que le podría asegurar un engrosamiento de su masa de votantes.

Un capítulo aparte es la fecha patria, la Declaración de la Independencia el 7 de septiembre de 1822. Se celebra el próximo martes y el jefe del Planalto convocó a sus huestes a participar en los dos actos que irá a presidir: el de Brasilia y el de San Pablo, en distintos horarios. Cuenta, entre su público, a militares y policías, además del séquito que lo acompaña desde 2018, constituido por trabajadores autónomos, vendedores callejeros, taxistas, y miembros de religiones cristianas. En la sociedad hay miedo de lo que puede ocurrir ese día. Muchos recuerdan las palabras pronunciadas por el presidente un par de semanas atrás cuando convocó a la ciudadanía a “comprar armas, porque esa es la garantía de que el pueblo jamás será esclavizado”; el riesgo es que “en esas manifestaciones a alguno se le ocurra jugar con revólveres y pistolas” comentó a esta periodista Jose Matias Silva, editor de una página web en una favela paulista.

Como afirma el manifiesto publicado esta semana por grandes empresarios de Minas Gerais, el tercer estado provincial en importancia, “la ruptura por las armas, por la confrontación física en las calles, es sinónimo de anarquía. La democracia no puede ser amenazada, sino que debe ser fortalecida y perfeccionada”.

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