Brasil: democracia a las piñas

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Democracia brasileña. FOTO: CEDOC PERFIL
Democracia brasileña. FOTO: CEDOC PERFIL

Jair Bolsonaro dio por tierra con los esfuerzos de sus asesores en cambiar su perfil agresivo por otro de «paz y amor», que empezaba a beneficiarlo en las encuestas. Además de la alta cifra de muertos por el covid, crecen los femicidios y los asesinatos de jóvenes negros.

“Que ganas de llenarte la boca a trompadas”. Esa fue la frase que usó Jair Bolsonaro para salir al cruce de un periodista que le preguntaba, por un presunto acto de corrupción que podría involucrar a su mujer Michelle. El fin de semana anterior había trascendido que, a la primera dama brasileña, le habían encontrado abultados depósitos en su cuenta corriente, realizados por un ex asesor preso del presidente y sus hijos: Fabricio Queiroz.

El jefe del Planalto no toleró que la prensa indagara sobre el asunto y amenazó al profesional que se había “animado” a formular la consulta, durante una visita a una feria artesanal de Brasilia, frente a la Catedral, el último domingo. En ese momento, Bolsonaro dio por tierra con los esfuerzos de dos meses de los asesores de su gobierno, empeñados en cambiar su perfil agresivo por otro “paz y amor”. La nueva figura dócil pareció creíble y le trajo al presidente, el beneficio de un aumento de la popularidad.

Asustados por las repercusiones negativas, en el gobierno trazaron una estrategia comunicaciones y le encargaron ejecutarla al ministro de Comunicaciones, el joven Fabio Farías del ala política. Este ministro llegó al gobierno en junio precisamente con la misión de mejorar la relación de Bolsonaro con el Congreso y la prensa. En un Twitter sermoneó: “Conversé ahora con el presidente y le aviso a los adeptos al caos y al conflicto diario: perdieron. La paz continúa”. Pero Bolsonaro, un día después, volvió a mostrar su belicosidad contra los medios. En el Palacio del Planalto, durante un acto convocado para conmemorar que Brasil está “Venciendo al Covid-19”, calificó a los periodistas de “cagones” y dijo que, por cuenta de esa cobardía, “tienen menos chances de sobrevivir al Coronavirus”. El caso registró una segunda ola de protesta, que incluyó no sólo a los diarios sino a conocidos conductores de programas de TV. “La naturaleza del individuo, tarde o temprano, se manifiesta. Y el presidente Bolsonaro volvió a ser lo que siempre fue” escribió un columnista. Según otro medio “no era nada fácil interpretar el personaje discreto y ponderativo que el presidente incorporó las últimas semanas. Tardó, pero no falló. El Jaircinho paz y amor tiró la toalla”.

Para los asesores del Planalto, las “piñas en la boca” y los “periodistas cobardes” fueron tan solo “deslices” presidenciales. Pero revelan que Bolsonaro no puede admitir que la rendición de cuentas es un cimiento de la democracia. “Si tuviese una buena explicación, el presidente por cierto ya la habría dado. Como aparentemente no tiene, hizo lo que sabe hacer mejor: partió para la intimidación” sostuvo el diario Estado de Sao Paulo.

Con 118.500 muertes y próximo a los 4 millones de personas contaminadas, y ya sin restricciones de aislamiento, Brasil es el segundo país más afectado por la pandemia. Por eso, la ceremonia “Venciendo al Covid-19” del lunes en Brasilia fue interpretada como  “la conmemoración de una victoria imaginaria” por el diario Folha de Sao Paulo. Pero el presidente insiste en que al virus hay que enfrentarlo “como hombre y no como un niño”; o sea, cara a cara en las aglomeraciones y sin barbijo.

En un documento publicado pocos días atrás, 152 obispos católicos de Brasil subrayaban su “horror” frente al “desprecio por la educación, por la cultura y por la salud” que muestra el gobierno federal. E indicaba: “Esto es visible en las demostraciones de rabia contra la educación pública, por el hecho de apelar a ideas oscurantistas y por los groseros errores cometidos en la selección de los ministros”. Para la Iglesia Católica brasileña “el gobierno revela omisión, apatía y rechazo por los más pobres”, además de “evidenciar incapacidad para enfrentar las crisis”.

Lo cierto es que el Planalto tampoco ha prestado atención a los grandes problemas puestos en evidencia durante la pandemia: el femicidio y los asesinatos de jóvenes negros. La violencia de género se intensificó con el Covid y las cuarentenas, como señaló Juliana Martins, coordinadora del Foro Brasileño de Seguridad Pública. El último estudio de esa institución apuntó a un crecimiento de 22% en los casos de mujeres asesinadas en sus hogares. También el racismo experimentó un salto. “No es exagerado hablar de genocidio de los jóvenes negros” indicó Cristiane de Freitas de la Universidad Federal de Minas Gerais. Para la especialista, existe una acción sistemática de agentes policiales que asesinan según el color de la piel: “Es un síntoma de una sociedad que lo permite”. 

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