Brasil vota en segunda vuelta con Jair Bolsonaro como el gran favorito

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    Brasil vota en segunda vuelta con Jair Bolsonaro como el gran favorito
    Apoyo. Un simpatizante de Jair Bolsonaro durante un acto de cierre de campaña (Reuters).

    El candidato conservador ganó en el primer turno sobre el postulante petista, Fernando Haddad. Basó su campaña en criticar la corrupción y la inseguridad

    Más de 140 millones de brasileños darán este domingo un veredicto definitivo sobre quién debe ser el próximo presidente del país. Para muchos, muy probablemente la mayoría, ya es un hecho que triunfará Jair Bolsonaro, quien encara con notable fidelidad a la extrema derecha local. Una sucesión de prejuicios raciales y sexuales, sumados a la pasión por las armas, la reivindicación de la familia y la denuncia de la corrupción y la inseguridad, definieron los ejes de su campaña. Enfrente, el profesor y ex ministro de Educación Fernando Haddad, cumplió su papel: surgió como el vice del ex presidente Lula da Silva, preso en una causa por corrupción, y de allí saltó en días a la escena nacional.

    ¿Cuál será el tamaño de la distancia entre el ganador y el perdedor? Las encuestas muestran tendencias: se ha achicado mucho desde la primera vuelta. Pero son los votos de las urnas los que definen el desenlace.

    De cualquier forma, los sondeos indican que la victoria no sería “arrasadora”, es decir, de más de 60% como esperaban los bolsonaristas. Esto obligará al futuro gobierno a mostrarse menos “impositivo” y “mucho más negociador”; algo así como ser “el presidente de propios y de ajenos”.

    Respaldo. Una escena del acto final del Partido de los Trabajadores en Brasilia (AP)
    Respaldo. Una escena del acto final del Partido de los Trabajadores en Brasilia (AP)

    Este proceso electoral, que para unos es “sorprendente” y para otros “inexplicable, resulta cuanto menos “original”. No guarda ninguna semejanza con los comicios de los últimos 24 años (desde 1994). Durante los dos primeros mandatos del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, la democracia tomó fuerza, se robusteció. Fue Cardoso quien se empeñó en liquidar al antiguo “coronelismo” encarnado entonces en el fallecido caudillo bahiano Antonio Carlos Magalhaes. Ahora, esa versión de la derecha resurge remozada en la figura de Bolsonaro. Claro que no es lo mismo. Una situación describe en forma precisa esa remanencia: recién en 1996, una ley municipal prohibió en San Pablo la discriminación “racial, social, por aspecto, por sexo o por incapacidad” en los ascensores de un edificio.

    Quien continuó a Cardoso, el ex presidente Lula da Silva, hizo cuestión de cumplir rigurosamente con las normas del sistema, lo que continuó en la primera gestión de Dilma Rousseff. Y seguiría de esa manera, pese al impeachment contra la ex presidenta, en estos dos últimos años bajo la tutela presidencial de Michel Temer.

    ¿Se puede recelar sobre la vigencia de todos los parámetros que definen la democracia bajo un gobierno bolsonarista? No tal vez en lo formal. Pero aquí valen las palabras pronunciadas este sábado por el ex presidente de la Corte Suprema Joaquim Barbosa. Dijo a través de Twitter: “Por primera vez en 32 años de ejercicio directo del voto, un candidato me inspira miedo. Por eso, votaré a Fernando Haddad”. Barbosa no tuvo ni tiene simpatía por el PT. Fue el quien juzgó en 2012 el proceso conocido como “mensalón”, de pago de sobornos a diputados, que involucró a muy altos dirigentes del Partido de los Trabajadores.

    Fervor. Fernando Haddad, el candidato del PT, en el cierre de su campaña en San Pablo (Reuters).
    Fervor. Fernando Haddad, el candidato del PT, en el cierre de su campaña en San Pablo (Reuters).

    Politólogos, sociólogos y psicoanalistas brasileños, buscan explicaciones para un fenómeno que “se desvía” de la curva de la normalidad electoral del país. Describen como factores “novedosos”, la carga de violencia y de fractura que atraviesa a todos los estamentos de la sociedad brasileña. Entre los analistas, hay quienes sostienen que “el lenguaje desbocado, de bajo nivel y a veces chulo, agradó al elector, que ve en Bolsonaro alguien que está a su lado y no por encima”. Lo dice el politólogo Claudio Goncalves Couto de la Fundación Getulio Vargas. “Esa comunicación superficial, directa y sin intermediarios, suena bien en los oidos de los ciudadanos que desconfían de las instituciones y de las instancias representativas”. Va incluso más a fondo al señalar que para grandes segmentos de la población, especialmente de la periferia, Bolsonaro “transmite la imagen de antisistema”; y eso, pese “ser parte activa del sistema. El montó un clan familiar, con su mujer y sus hijos todos colocados dentro de la vida política, que es la cosa más tradicional en Brasil”.

    Marcia Cavallari, la directora de Ibope, interpretó que “hay un sentimiento de gran parte del electorado de que todo está fuera de orden y que el país no funciona”. Remarcó, en base precisamente a los resultados de las encuestas, que el Lava Jato perdió peso y prestigio. “Y ese elector piensa que a no ser por los desvíos de dinero por cuenta de la corrupción, Brasil tendría calidad de educación y de salud”. No pocos aluden, en tanto, al papel cumplido por las redes sociales, con el “lenguaje agresivo y feroz” adoptado en los mensajes de Twitter y en los grupos de WhatsApp.

    Eleonora Gosman

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