Cafiero llega a Brasilia con varias cartas en la manga

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Santiago Cafiero, jefe de Gabinete de la Nación | NA

El canciller y politólogo Santiago Cafiero descenderá mañana al mediodía en el aeropuerto internacional Juscelino Kubistchek de Brasilia, en uno de los mejores momentos para retomar el diálogo con su colega Carlos Alberto França.

El canciller y politólogo Santiago Cafiero descenderá mañana al mediodía en el aeropuerto internacional Juscelino Kubistchek de Brasilia, en uno de los mejores momentos para retomar el diálogo con su colega Carlos Alberto França.  Ayer se reunió con el uruguayo Francisco Bustillo, en una cita calificada como “fructífera” por ambas partes. Y entrará en el Palacio de Itamaraty con esa “ventaja” negociadora en sus manos. Allí será agasajado, junto con el embajador Daniel Scioli, con el tradicional almuerzo de recepción.

Ocurre que Uruguay se había convertido en una piedra en los zapatos del gobierno argentino, por obra y gracia de un anuncio de lo que sería un acuerdo de libre comercio de los orientales con China. También porque el presidente Luis Alberto Lacalle Pou se había mostrado alineado hasta ahora con Brasil, en el intento de “modernización” del Mercosur, es decir, de su flexibilización. Pero hay versiones de una reciente tensión entre brasileños y uruguayos, capaz según dicen de provocar un distanciamiento.

Cafiero tampoco deberá enfrentar figuras controversiales, como podría ser el ministro de Economía Paulo Guedes, que cada tanto gusta de usar a Buenos Aires como “ejemplo del mal” en políticas económicas. En su representación, debe participar el secretario especial de Comercio Exterior y Asuntos Internacionales, Roberto Fendt Junior. “En la cita de mañana los cancilleres buscarán profundizar las relaciones bilaterales por vías que no sean solo las del comercio” dijo una fuente diplomática de Brasilia. Por eso, los temas centrales girarán alrededor de la “integración en infraestructura”. Más específicamente, al gobierno de Bolsonaro le interesa el gas que será producido en Vaca Muerta y está dispuesto a negociar cómo construir el gasoducto que debería llevar ese insumo energético a lo largo de 3.000 kilómetros. De acuerdo con las fuentes de Brasilia, para el Palacio del Planalto “ese es un proyecto estratégico”. El paquete contempla además la construcción de dos hidroeléctricas en las fronteras.

De esto ya había hablado el ministro Carlos França, el martes 28 de septiembre, cuando felicitó telefónicamente a Cafiero por su nueva misión al frente del Palacio San Martín. En esa oportunidad, el brasileño insistió con el asunto de la “modernización” del bloque, y le expresó “la disposición de trabajar en pro de proyectos de interés común”. Cafiero también se mostro entusiasmado por “el potencial de coordinación entre los dos países en materia de infraestructura” y subrayó, a través de Twitter, que “para la Argentina es una política de Estado preservar la unidad regional”. En Itamaraty hicieron su lectura de estas declaraciones, al admitir que el flamante canciller porteño “tiene intenciones de mantener buenas relaciones”.

Desde luego, en los vínculos entre Brasil y Argentina pesan las orientaciones que, con notoria urgencia, el ministro Guedes pretende darle al Mercosur. Desde un inicio, el funcionario se esmeró por resaltar que el mercado común debía abrirse mediante el reformateo del arancel externo común, con una reducción del 20%. Al ministro le alcanza ahora con bajar un 10%, en lo que en principio estaría de acuerdo el gobierno de Alberto Fernández. Pero aún hay diferencias sobre qué hacer el futuro, porque Guedes busca otro recorte adicional de 10% del impuesto aduanero, aplicado a terceros países y regiones, a partir de 2023.

El encono del ministro de Economía brasileño contra la Casa Rosada se manifestó, una vez más, hace 10 días. Fue cuando dijo que el mercado regional debe ser “modernizado”, es decir, abierto “al mundo”. Y advirtió que si algún miembro se sentía “incomodado” tendría abierta la puerta para “retirarse”. Lanzó ese mensaje en medio de una conferencia virtual: “Brasil quiere más” que había organizado lnternational Chamber of Commerce, una organización no gubernamental con sede en París. En ese contexto concluyó que es preciso, en este momento, dejar que cada país vuelva a negociar acuerdos de libre comercio en forma individual con cualquier nación del mundo. Esa era la postura, precisamente, de Uruguay. Ocurre que Lacalle Pou aspira a celebrar un tratado de libre comercio con los chinos, como anunció oficialmente el 7 de septiembre; y para Brasil es un asunto muy delicado. Ese proyecto de la Banda Oriental fue lo que generó tiranteces en lo que se presentaba como una sociedad indisoluble entre Montevideo y Brasilia. Según medios brasileños, la divergencia convirtió a los uruguayos en “un dolor de cabeza”. En el Planalto no quieren ni pensar en tener a China con sus productos súper competitivos justo en la frontera sur del país.

Guedes enfrenta, además, un momento muy complicado luego que trascendiera en los Pandora Papers su cuenta offshore en las Islas Vírgenes británicas, un auténtico paraíso fiscal. Según medios brasileños el ministro habría depositado originalmente, en 2014, 8 millones de dólares que luego se convirtieron en 10 millones de la divisa norteamericana.

Lo cierto es que enfrenta serias denuncias ante la Comisión de Ética Pública de la presidencia. Y el martes deberá presentarse en el Parlamento para dar explicaciones.

El canciller y politólogo Santiago Cafiero descenderá mañana al mediodía en el aeropuerto internacional Juscelino Kubistchek de Brasilia, en uno de los mejores momentos para retomar el diálogo con su colega Carlos Alberto França.  Ayer se reunió con el uruguayo Francisco Bustillo, en una cita calificada como “fructífera” por ambas partes. Y entrará en el Palacio de Itamaraty con esa “ventaja” negociadora en sus manos. Allí será agasajado, junto con el embajador Daniel Scioli, con el tradicional almuerzo de recepción.

Ocurre que Uruguay se había convertido en una piedra en los zapatos del gobierno argentino, por obra y gracia de un anuncio de lo que sería un acuerdo de libre comercio de los orientales con China. También porque el presidente Luis Alberto Lacalle Pou se había mostrado alineado hasta ahora con Brasil, en el intento de “modernización” del Mercosur, es decir, de su flexibilización. Pero hay versiones de una reciente tensión entre brasileños y uruguayos, capaz según dicen de provocar un distanciamiento.

Cafiero tampoco deberá enfrentar figuras controversiales, como podría ser el ministro de Economía Paulo Guedes, que cada tanto gusta de usar a Buenos Aires como “ejemplo del mal” en políticas económicas. En su representación, debe participar el secretario especial de Comercio Exterior y Asuntos Internacionales, Roberto Fendt Junior. “En la cita de mañana los cancilleres buscarán profundizar las relaciones bilaterales por vías que no sean solo las del comercio” dijo una fuente diplomática de Brasilia. Por eso, los temas centrales girarán alrededor de la “integración en infraestructura”. Más específicamente, al gobierno de Bolsonaro le interesa el gas que será producido en Vaca Muerta y está dispuesto a negociar cómo construir el gasoducto que debería llevar ese insumo energético a lo largo de 3.000 kilómetros. De acuerdo con las fuentes de Brasilia, para el Palacio del Planalto “ese es un proyecto estratégico”. El paquete contempla además la construcción de dos hidroeléctricas en las fronteras.

De esto ya había hablado el ministro Carlos França, el martes 28 de septiembre, cuando felicitó telefónicamente a Cafiero por su nueva misión al frente del Palacio San Martín. En esa oportunidad, el brasileño insistió con el asunto de la “modernización” del bloque, y le expresó “la disposición de trabajar en pro de proyectos de interés común”. Cafiero también se mostro entusiasmado por “el potencial de coordinación entre los dos países en materia de infraestructura” y subrayó, a través de Twitter, que “para la Argentina es una política de Estado preservar la unidad regional”. En Itamaraty hicieron su lectura de estas declaraciones, al admitir que el flamante canciller porteño “tiene intenciones de mantener buenas relaciones”.

Desde luego, en los vínculos entre Brasil y Argentina pesan las orientaciones que, con notoria urgencia, el ministro Guedes pretende darle al Mercosur. Desde un inicio, el funcionario se esmeró por resaltar que el mercado común debía abrirse mediante el reformateo del arancel externo común, con una reducción del 20%. Al ministro le alcanza ahora con bajar un 10%, en lo que en principio estaría de acuerdo el gobierno de Alberto Fernández. Pero aún hay diferencias sobre qué hacer el futuro, porque Guedes busca otro recorte adicional de 10% del impuesto aduanero, aplicado a terceros países y regiones, a partir de 2023.

El encono del ministro de Economía brasileño contra la Casa Rosada se manifestó, una vez más, hace 10 días. Fue cuando dijo que el mercado regional debe ser “modernizado”, es decir, abierto “al mundo”. Y advirtió que si algún miembro se sentía “incomodado” tendría abierta la puerta para “retirarse”. Lanzó ese mensaje en medio de una conferencia virtual: “Brasil quiere más” que había organizado lnternational Chamber of Commerce, una organización no gubernamental con sede en París. En ese contexto concluyó que es preciso, en este momento, dejar que cada país vuelva a negociar acuerdos de libre comercio en forma individual con cualquier nación del mundo. Esa era la postura, precisamente, de Uruguay. Ocurre que Lacalle Pou aspira a celebrar un tratado de libre comercio con los chinos, como anunció oficialmente el 7 de septiembre; y para Brasil es un asunto muy delicado. Ese proyecto de la Banda Oriental fue lo que generó tiranteces en lo que se presentaba como una sociedad indisoluble entre Montevideo y Brasilia. Según medios brasileños, la divergencia convirtió a los uruguayos en “un dolor de cabeza”. En el Planalto no quieren ni pensar en tener a China con sus productos súper competitivos justo en la frontera sur del país.

Guedes enfrenta, además, un momento muy complicado luego que trascendiera en los Pandora Papers su cuenta offshore en las Islas Vírgenes británicas, un auténtico paraíso fiscal. Según medios brasileños el ministro habría depositado originalmente, en 2014, 8 millones de dólares que luego se convirtieron en 10 millones de la divisa norteamericana.

Lo cierto es que enfrenta serias denuncias ante la Comisión de Ética Pública de la presidencia. Y el martes deberá presentarse en el Parlamento para dar explicaciones.

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