Dante Sica: “El Brasil de Bolsonaro no tiene paciencia estratégica”

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Dante Sica: “El Brasil de Bolsonaro no tiene paciencia estratégica”
El ministro de Producción y Trabajo aseguró que “este Brasil no es el de Fernando Henrique Cardoso ni el de Lula da Silva”

El ministro de Producción y Trabajo aseguró que “este Brasil no es el de Fernando Henrique Cardoso ni el de Lula da Silva”

El ministro Dante Sica no ocultó sus recelos sobre el futuro de la relación bilateral con Brasil. Razones, puntualizó, no le faltan: “Si uno escucha las declaraciones de los últimos días, (el futuro gobierno de Alberto Fernandez) está dando todas las señales de que irán a aplicar las herramientas del comercio administrado”, sostuvo en una larga entrevista. Se refería, específicamente, a las declaraciones de importación con permisos no automáticos, que en su momento permitieron frenar las exportaciones brasileñas hacia el mercado argentino.

—¿Pero esto no implica ir a la confrontación abierta con Brasil? ¿No se iría a una ruptura del Mercosur?

—Por mucho tiempo nos acostumbramos a un Brasil que tenía un concepto de paciencia estratégica, que soportaba las trabas a sus exportaciones en función de preservar un bien superior: la integración. Pero este Brasil no es el de Fernando Henrique Cardoso ni el de Lula da Silva. Es un Brasil distinto, en un proceso agudo de transformaciones, que no tiene paciencia estratégica. En este marco, la diplomacia tendrá que trabajar mucho para preservar el bloque.

—¿Hablaron de este tema cuando estuvo reunido con el secretario de Comercio Exterior brasileño Marcos Troyjo?

—Primero tuvimos la reunión de ministros del Mercosur y después un almuerzo de despedida a la delegación argentina que organizó Marcos. Estuvimos charlando un rato. Fue una bilateral, una cortesía personal del secretario.

—¿Cuál es tu balance general de lo hecho este año en el Mercosur?

—Desde el punto de vista del Mercosur fue un año exitoso porque se avanzó fuerte en las negociaciones internacionales. Claramente fue un logro el avance en dos negociaciones como es la Unión Europea y el EFTA. Fuimos avanzando con otros países. Esto indica que hay una agenda dinámica. Hicimos un buen trabajo entre los cuatro países, especialmente en el Grupo de Arancel Externo Común. Logramos ponernos de acuerdo en metodologías, objetivos y alcances. Desde luego, esto se hizo en el nivel técnico. No hubo ninguna resolución. Por otro lado, se alcanzaron logros en otras áreas. A modo de síntesis, lo que diría es que el bloque consiguió un gran dinamismo en las dos presidencias: la de Argentina, en el primer semestre, y la de Brasil en el segundo. Mañana los presidentes van a firmar un acuerdo de facilitación de comercio, que es muy importante. Y con Brasil firmamos una hoja de ruta para avanzar en los temas de convergencia regulatoria, en dos áreas claves como son la de la industria automotriz y la de alimentos. Por todo esto, mi balance es que 2019 fue un año importante, que coronó la gestión de Cambiemos y del impulso que le ha dado a la modernización del Mercosur.

—Usted mencionó que se había discutido en el Mercosur la reformulación del Arancel Externo Común. ¿Avanzaron en esa dirección?

—La discusión fue estrictamente en el nivel técnico. En la reunión de ministros del área de comercio lo que se hizo fue reconocer que se lograron avances del grupo técnico en materia de metodología, pero que por las circunstancias políticas (las elecciones en Argentina y en Uruguay), lo que se determinó es que se continúe el trabajo durante el primer semestre del año que viene para poder alcanzar y madurar alguna propuesta. Esto, claramente, tiene que estar consensuado con el sector privado. Ese fue nuestro planteo.

—Se habló de la existencia de una propuesta de Brasil que buscaba aprobar en esta cumbre: la de una reducción arancelaria, que sería muy pronunciada con la consiguiente desprotección de sectores productivos. ¿Argentina aceptó ese desafío?

—Efectivamente hubo muchos rumores. Se decía que en esta cumbre íbamos a tomar decisiones respecto a una propuesta de rebaja arancelaria. Pero eso era totalmente infundado.

—¿Pero el gobierno del presidente Mauricio Macri cree que es necesario reducir el arancel? Los derechos de importación para terceros países sirven para proteger las producciones domésticas, pero al mismo tiempo preservan las ventajas de los miembros del Mercosur en el comercio interior del bloque.

—Yo diría que no es esa la mirada. Primero porque el Mercosur está a apenas 15 meses de cumplir 30 años de existencia. Con lo cual, está claro que la definición del Arancel Externo Común era consistente para su época: la estrategia era salvar el mercado, con la ilusión de que la potencia de ese mercado del bloque nos iba a hacer crecer e iba a generar una ganancia de competitividad. Cosa que realmente no ocurrió. Si uno mira el transcurso de estos años, lo que se observa es que nos replegamos sobre nosotros mismos, sin poder superar las crisis internas, y logrando apenas acuerdos con el 9% del PBI mundial. A su vez, esto coincidía con la idea de que el mercado interno de Brasil sería el que iría a traccionar al conjunto. Esto no sucedió sino que, además, ninguno de los socios del Mercosur tiene comercio positivo con Brasil; pero además lo que logramos fue precisamente perder nuestros niveles de competitividad. En este nuevo ciclo estamos dando empuje a la modernización del Mercosur, que venía en un estancamiento económico y comercial en los últimos 12 años. Y esto porque comenzamos a pensar que debíamos integrarnos más rápidamente al mundo y mejorar nuestra competitividad. Esto claramente nos llevó a entender que debíamos hacer una revisión del Arancel Externo Común, que estaba definido como un mecanismo de protección. Y ahora tenemos que pensar en una estructura que sea mucho más ofensiva.

—¿En qué sentido usted habla de un arancel externo común más ofensivo?

—Hoy está totalmente perforado, porque existen distintos regímenes que, en muchos casos, eran válvulas de escape que nos dábamos los países a los problemas de las asimetrías no resueltas en el interior del Mercosur. Esto creó mucha discrecionalidad en las aduanas. Por otro lado, tenemos en muchos sectores protección efectiva negativa porque no respetamos escaleras de protección, o sea, no se establece un arancel más bajo en materias primas e insumos, luego para bienes intermedios y finales. Tenemos mucha dispersión y ese es un diagnóstico que debemos pensar y resolver. Por eso este año decidimos revisar esa situación. Los cuatro países tenemos que pensar un proyecto que nos ayude a integrarnos mucho más y a ser ofensivos. Pero que también vaya de la mano de nuestro proceso de negociaciones internacionales. El arancel del Mercosur es uno de los más altos del mundo y hoy tenemos que adecuarlo, pero no en forma unilateral sino de acuerdo con las negociaciones que emprendimos. De lo contrario, podemos diluir las preferencias que negociamos por ejemplo con la Unión Europea.

—Pero Brasil entiende que el proyecto debe ser acelerado.

—Esto forma parte de una discusión metodológica. La idea no es decir ‘muchachos, mañana a las 3 de la tarde bajamos todos los aranceles’. Tenemos que darnos una tarea de difusión, tenemos que repasar los acuerdos que hemos celebrado, tenemos que mirar los distintos sectores y también discutir los tiempos. Es un proceso que se debe llevar adelante. Por eso me parecía totalmente fantasiosa la idea de que podríamos decidir aquí. Hemos creado un grupo de alto nivel para tratar este tema.

—¿Hubo contactos con representantes de la futura gestión de Alberto Fernandez?

—No, porque no hay transición. Todavía no sabemos quiénes serán los próximos funcionarios. Por eso mismo, en ningún momento dijimos que íbamos a hacer una propuesta formal como país, porque somos un gobierno de salida y estamos en un período de transición. Pero eso no quita que el tema se siga debatiendo porque es un acuerdo al que llegamos los cuatros países hace un año.

—¿Usted piensa que eso es parte de la modernización del bloque?

—Exactamente, es necesario modernizar y ajustar el bloque a nuestra pauta ofensiva en las negociaciones internacionales.

—¿Qué continuidad habrá de estas políticas en el futuro gobierno argentino?

—Nuestra percepción, para aquellos que hemos pasado por el Estado, es que siempre hay una continuidad. Uno construyó un capital de estudios, de trabajo. Y hemos avanzado. Hay una continuidad del Estado independiente de quién asuma la conducción. Y el que continúe, pondrá sus ingredientes y dirá ‘esto es a 20 años’. Pero no se desarma lo ya realizado. Además, y esto es importante, el hecho mismo de pertenecer al Mercosur ya es una política de Estado. Ya en 1994 perdimos un grado de libertad: la política comercial exterior que se decide en conjunto entre los cuatros países. Salvo por algunas excepciones, que se acordaron desde el inicio, los países hemos perdido la libertad de subir o bajar aranceles a las importaciones. El próximo gobierno podrá poner su direccionalidad, pero la revisión del arancel externo común es una decisión que se tomó entre los cuatro países.

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