El partido arrió sus banderas y aceptó la designación del liberal Joaquim Levy como ministro de Hacienda.

En nombre de la “gobernabilidad” y para conjurar “el golpismo”, el Partido de los Trabajadores aceptó ayer arriar algunas de sus principales banderas. En una reunión de los 20 miembros de la dirección nacional en Fortaleza, bien lejos de la capital política del país, acató el cambio radical del rumbo económico que representa la designación del economista Joaquim Levy al frente del ministerio de Hacienda.
La presidenta Dilma Rousseff, quien habló ante los dirigentes para reafirmar su adscripción al partido, echó mano de esa membresía para reclamar el total apoyo partidario: “La coyuntura cambia, la situación del país también y lo mismo las condiciones de la economía. Debemos adaptarnos a las nuevas demandas: esta es la gran misión del PT”. Agregó otro concepto clave dentro del nuevo ideario presidencial: “El PT tiene madurez y hoy, después de todo ese período, sabe que precisamos tener legitimidad y gobernabilidad”.
La mandataria, que se veía cómoda entre sus compañeros, subrayó que es el momento “de tomar las medidas necesarias”, aunque postuló que las decisiones no representarán “choques ni rupturas. Serán graduales y eficientes”. Apeló a la cúpula partidaria: “Necesito del protagonismo de todos ustedes”.
El nombramiento de Levy en la conducción de la economía provocó focos de rebeldía dentro de la organización nacida en 1980, al calor de las luchas anti dictatoriales y sindicales. Ni hablar de la opción por la senadora Katia Abreu, hasta hoy presidenta de la Confederación Nacional de la Agricultura, para dirigir la cartera de esa sensible área. Según analizó en un documento la corriente Articulación de Izquierda, difundido en vísperas de la cita partidaria, ambos nombres implican “concesiones innecesarias al campo conservador, que fue derrotado en las elecciones” de octubre último. En la evaluación de este sector del PT, estos hechos significan “una señal contradictoria en relación a las promesas de fortalecer el Estado” que fueron verbalizadas por Dilma durante el último tramo de su campaña. Esta tendencia consideró que las designaciones “equivocadas” ponen en juego “la realización de reformas estructurales, la profundización de la democracia y la ampliación de la soberanía nacional”.
a entrada de Levy al gobierno no será por la puerta de servicio sino por la principal: el propio Palacio del Planalto le dio lugar en el tercer piso, donde tiene sus salas la jefa de Estado, para que trabaje en “la transición”; el decir, el período que media entre la salida del actual jefe Guido Mantega y su propia entronización. Su figura representa exactamente todo lo contrario de los compromisos asumidos con los electores por la presidenta. En una de sus escasas frases brillantes, el senador y candidato derrotado Aécio Neves evaluó hace un par de días que la convocatoria de Levy “es como llamar a un cuadro de la CIA a dirigir la KGB”.
De hecho, la dirección del PT se ve ahora obligada a “tragarse el sapo”. E incluso a intentar una defensa: “El formó parte del gobierno de Lula y ayudó a corregir los errores del PSDB”, recordó Jorge Viana, vicepresidente del Senado y uno de los principales líderes partidarios. Pero lo que está en la agenda, en forma prioritaria, es el ajuste fiscal. Y lejos de lo que se dice, no es nada pequeño: de tener déficit estimado en 0,6% deberá pasar a un superávit primario neto de 1,2%. Esto representa, por ejemplo, extremar la austeridad fiscal al punto de eliminar derechos laborales y bajar los salarios reales, especialmente el mínimo, a partir de eliminar el expediente de actualización, superior al índice inflacionario, que lo ha llevado a subir en forma importante en términos reales a los largo de los últimos 12 años. Esta nueva política deberá afectar, también, a los jubilados. Y probablemente habrá una reformulación, aunque silenciosa, de los planes sociales, que para el flamante equipo económico están “hinchados”. Ayer, ante la prensa, el presidente del PT, Rui Falcao, buscó algunas sutilezas para una mejor digestión de lo ocurrido. Dijo que estos nombramientos se justifican porque el gobierno se apoya en una coalición partidaria heterogénea. En este tipo de alianzas “hay un gobierno en disputa. Nosotros disputamos espacios, pero los otros partidos también”.

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