No hay consenso sobre la opción de utilizar las reservas para frenar el descontrol del dólar

¿Por qué el gobierno de Dilma Rousseff no utiliza sus reservas para frenar el descontrol del precio del dólar?”. El interrogante fue tema de discusión ayer en los mercados financieros; pero ni siquiera en este ámbito se logró consenso. Para algunos agentes, el Banco Central tendría que “soltar” las divisas acumuladas a lo largo de años: unos 350.000 millones de dólares. Para otros, esa “fortuna” otorga fortaleza a la economía del país y “desperdiciarla” equivaldría a rifar no solo divisas sino también la calificación de “buen pagador” que las agencias de riesgo aún dan a Brasil.

Esta polémica dista de ser académica. Detrás de cada posición se mueven intereses contradictorios. Para los capitales extranjeros, que mantienen 20% de los títulos públicos, liberar el uso de las reservas internacionales es una “medida aconsejable”. Con los dólares “en mano” correrían a protegerse en mercados menos convulsivos que el brasileño. No por casualidad, economistas del BNP Paribas evaluaron que las divisas acumuladas por el país a lo largo de 12 años estarían altas en exceso y que por lo tanto sería conveniente usar su venta para calmar la ansiedad de los inversores del exterior. Otros estrategas entienden en cambio que en un escenario tan incierto “no sería beneficioso alterar un activo que da seguridad al país”. Fue lo que opinó Bruno Rovai, del Barclays. Para el economista, “las reservas podrían disminuir la presión en el cambio, pero nada garantiza que esa presión no vuelva. Y ni de lejos indica una solución para un problema más estructural que es el orden fiscal”.

Ayer, la respuesta que encontró el gobierno para aquietar las turbulencias cambiarias fue de naturaleza más política que de medidas monetarias. Por creer que el problema procede de la incertidumbre “institucional”, con la eventual salida del gobierno del actual ministro de Hacienda Joaquim Levy, la presidenta Dilma Rousseff colocó paños fríos en la delicada situación. En una conversación con el presidente del banco Bradesco, Luiz Carlos Trabuco, logró deshacer el nudo que había puesto al funcionario al borde de la renuncia. Fue el banquero quien a comienzos del año propuso al ex ejecutivo del banco para ocupar el máximo puesto del área económica. La reacción de Dilma y sus colaboradores no se hizo esperar. Ayer hubo fumata blanca después de una reunión con Levy, el jefe de gabinete Aloizio Mercadante y el ministro de Planificación Nelson Barbosa.

Mercadante ofició de vocero: “Levy está en el equipo, ayuda mucho y continuará ayudando”. Enseguida acusó a quienes están mal informados y los que son malintencionados por especular con la crisis. “Estamos juntos”, enfatizó. Y amenazante concluyó: “Quien apueste a lo contrario va a perder”. Claro que es difícil pronosticar cuánto puede durar la pacificación interna y por consiguiente la calma exterior. Lo cierto es que una moneda que se devalúa a tanta velocidad no parece ser beneficiosa para nadie.

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