El Amazonas en conflicto: Bancos, multinacionales y ONGs se alían contra la política de Bolsonaro

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El Amazonas en conflicto: Bancos, multinacionales y ONGs se alían contra la política de Bolsonaro
Incendio de amazonas FOTO:AP Photo/Leo Correa

El discurso bolsonarista y la perspectiva geopolítica de los militares se enfrenta a la élite empresarial brasileña e internacional.

Por Eleonora Gosman – San Pablo

Jair Bolsonaro lanzó ayer una advertencia : “Vamos a preparar nuestras Fuerzas Armadas para defender nuestro Amazonas”. Fue su réplica a una iniciativa que lanzó el candidato demócrata Joe Biden el martes último, durante su primer debate con Donald Trump, para “proteger” la mayor floresta tropical del mundo. Dijo que, si es electo, constituirá un fondo de 20.000 millones de dólares para garantizar la supervivencia de los 5.500.000 kilómetros cuadrados de selva, que representan 64% del territorio de Brasil.

El brasileño se preguntó si Biden “busca romper las relaciones con Brasil por cuenta del Amazonas”. Y añadió desafiante: “Sabemos que algunos países del mundo tienen interés en la Amazonía. Pero los vamos a disuadir ¿Cómo? Preparando nuestras Fuerzas Armadas para defender lo que es nuestro”. La hostilidad manifiesta del gobierno brasileño contra el presidenciable demócrata tiene dos vertientes. La primera reside en el hecho de la “admiración ilimitada” que Bolsonaro profesa por el republicano Trump. Pero la segunda es la desconfianza histórica de los militares brasileños frente a “fuerzas extranjeras” que, supuestamente, pretenderían adueñarse de la riqueza casi “infinita” del Amazonas, tanto en minerales, como en piedras preciosas, petróleo y plantas medicinales.

Ese resquemor explica en gran medida que desde Brasilia se promueva la “ocupación” efectiva del territorio selvático por los brasileños. Y eso supone implantar en la selva grandes haciendas privadas para la cría de ganado. Es esa misma línea de pensamiento geoestratégico la que justifica flexibilizar actividades ilegales como la explotación maderera y las actividades de los “garimpeiros”, esos buscadores de oro que en pleno siglo XXI actúan como como los aventureros del Lejano Oeste.

La hostilidad del gobierno brasileño contra el presidenciable demócrata tiene dos vertientes. La primera es “admiración ilimitada” que Bolsonaro profesa por Trump. Pero la segunda es la desconfianza de los militares brasileños frente a “fuerzas extranjeras”

“Vamos a preparar nuestras Fuerzas Armadas para defender nuestro Amazonas”, Jair Bolsonaro

Esto explica la proliferación de incendios, que destruyen el corazón amazónico en niveles récords: la cantidad de focos de fuego aumentó 82% con relación a 2019. También aclara las razones de la inercia del ministerio de Medio Ambiente brasileño, que no utilizó el presupuesto destinado a combatir las llamas y, peor aún, retrasó al máximo posible el envío de brigadas para apagarlas.

Sin embargo, el discurso bolsonarista  y la perspectiva geopolítica de los militares se enfrenta con un oponente interno muy fuerte: la Coalición Brasil Clima, Florestas y Agricultura. Esa alianza reúne empresas del agronegocio, a ONGs, académicos, institutos de investigación y, ahora, acaba de incorporar al sector financiero. Ayer oficializaron su ingreso en la coalición los tres mayores bancos privados de Brasil: Itaú, Bradesco y Santander. Del lado de las compañías figuran varias famosas a nivel internacional: Danone, Natura, Unilever, Bayer, JBS y Marfrig; Suzano y Nestlé. Entre los aportantes de donaciones se destaca la Unión de Bancos Suizos.

En síntesis, es el tope de la élite empresarial brasileña e internacional. Pero como se trata de clima y selva, el grueso de los 250 participantes son las famosas Organizaciones No Gubernamentales, que tanto detesta el presidente brasileño. Por ejemplo, la WWF-Brasil; el World Resources Institute de Brasil; el Instituto del Hombre y Medio Ambiente del Amazonas (Imazon); el Instituto de Pesquisa Ambientas del Amazonas (Ipam) y The Nature Conservancy (TNC).

El objetivo declarado por la alianza es apuntar a un modelo de desarrollo de la economía baja en carbono, que impulse la reactivación post pandemia. Apuestan que esa salida es la única que responde a los desafíos del cambio climático, y que podrá inclusive estimular la actividad agropecuaria brasileña. Pero en este momento les preocupa apagar, rápidamente, las llamas del Amazonas y de Pantanal. Esta Coalición Brasil, Clima, Florestas le envió, el martes último, un documento al presidente Bolsonaro, al vice Hamilton Mourao, a los líderes del Congreso y a las embajadas de Europa.

Según el director de Ipam, André Guimaraes, miembro de esa alianza, la causas de la tala e incendio de la selva pueden ser rápidamente eliminada: “El desmonte descontrolado del Amazonas crea inestabilidad del país, del medio ambiente, del clima y de los empresarios. Los únicos que ganan con esto son aquellos que operan en la ilegalidad”. El plan que propone la coalición medio ambiental, parte de “construir consensos, en una sociedad que debe cambiar las posturas del propios sector privado”. Otras medidas son de neto corte económico. Por ejemplo, que los frigoríficos no acepten carne procedente de áreas amazónicas recientemente destruidas. Pero la iniciativa que puede tener un papel fundamental es la financiera. La concesión de créditos por los bancos debe adoptar criterios socio-ambientales. De modo que los préstamos a las empresas agropecuarias deberán ser bloqueados, si estas no cumplen con esos principios.

Los especialistas advierten, además, la urgencia de tomar el sendero de economía de carbono bajo en el mundo de la post pandemia. El nivel de emisiones de CO2 ha disminuido en forma considerable durante el confinamiento al que obligó el Coronavirus. Pero existe la posibilidad de que, finalizado ese proceso, se retorne a lo anterior: las energías contaminantes. Carlos Nobre, un científico de renombre por sus investigaciones climáticas, formuló un alerta: “No tengo dudas que si no contenemos con urgencia la crisis climática, sobrevendrán desafíos dramáticos. Pone en peligro inclusive, a otros ecosistemas, y expone a la población mundial (los 7.000 millones de seres humanos) al contacto con gérmenes patógenos que harán surgir nuevas pandemias”.

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