El déficit fiscal, una bomba de tiempo que deja Michel Temer al próximo presidente

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    El déficit fiscal, una bomba de tiempo que deja Michel Temer al próximo presidente
    El presidente brasileño, Michel Temer, deja un gran agujero fiscal para el próximo gobierno. /EFE

    El rojo en las cuentas llega al 77,3% del PBI. El futuro gobierno, del partido que sea, no tendrá más opción que un fuerte ajuste.

    Cuando Michel Temer asumió la presidencia de Brasil, el 12 de mayo de 2016, parecía llegar como el “salvador” del país, el hombre que iba remontar una “tragedia económica”, “emprolijar” la casa y garantizar el bienestar de los ciudadanos. Tanto que en sus primeros días de gobierno impuso el lema de su gestión: “Orden y progreso”. Lo que entrega no es ni una ni la otra; por el contrario irá a transferir el próximo presidente brasileño un gigante agujero negro. Es de tal tamaño que puede llegar a hundir a cualquiera de sus eventuales sucesores. Se trata, como es obvio, de un terrible déficit fiscal que equivale a 77,3% del Producto Bruto Interno.

    No hay cómo nivelar ese pozo en el mediano plazo. Ni siquiera con esa “ley del techo fiscal” que obligará por 20 años, a partir justamente del próximo, a no aumentar los gastos estatales más allá del presupuesto de este año ajustado por inflación. Se trata nada más ni nada menos que dejar de solventar los “costos” que representan los ciudadanos en salud, en educación, en cultura, en infraestructura, etc. Todo lo que se genere por encima irá a pagar los intereses de la deuda pública, que si bien está en reales pronto podrá “viajar” a los dólares.

    En ese contexto, los 380.000 millones de esa divisa que están las arcas del Banco Central no serán suficientes para abastecer la demanda de los capitales que se quieren evaporar. Ya se vio un proceso de esa índole en 1998, cuando las salidas de inversores llegaron, en un momento, a 2.000 millones diarios. Fue así como desaparecieron de un día para otro los 76.000 millones de dólares que había entonces en el BC. Y cuando el ex presidente Lula da Silva recibió el gobierno de manos de su antecesor Fernando Henrique Cardoso, en la institución quedaban apenas 15.000 millones de dólares de reserva.

    Con Temer en la presidencia, el rojo de las cuentas públicas no hizo más que aumentar. En agosto último, el déficit primario (en el que no están computados los intereses de la deuda) llegó a 4.200 millones de dólares. Casi el doble del mismo déficit de agosto de 2017, que fue de 2.300 millones. Una simple cuenta indica que en agosto último, los gastos específicos por los intereses de la deuda treparon a 15.000 millones de la divisa estadounidense. O sea, esa porción que compone los gastos públicos va en aumento. Los datos fueron publicados este viernes por el Banco Central brasileño.

    Se sabe de hace tiempo que la curva de endeudamiento se haría insostenible en el “largo plazo”. Tanto que en 2015, en el primer año de su segundo gobierno, Rousseff “contrató” como ministro de Hacienda a Joaquim Levy, un hombre salido del banco Bradesco. El plan de ajuste implementado por él, con el consenso de la entonces presidenta brasileña, llevó a un recorte feroz de los gastos (aquí le llaman “contingenciamiento”, que es cuando se cortan partes gruesas de las partidas presupuestarias).

    Con un déficit fiscal desbordado, la herencia principal que deja Temer y su equipo, todo indicaría que el próximo presidente tendrá que aplicar un ajuste sideral. Pero ¿quién se animará, de entrada, a emprender semejante tarea? Como ya señalan los especialistas no alcanza con la reforma jubilatoria, que incluso puede derivar en lo inmediato en una profundización del rojo fiscal (dependiendo de si se mantiene el régimen de reparto o se lo sustituye por el de capitalización).

    A juzgar por los debates de campaña, los candidatos -de derecha a izquierda- escabullen prolijamente una definición. Después de todo tiene su lógica. Nadie gana una batalla electoral si solo promete pobreza y no hace propuestas para superar, por ejemplo, uno de los mayores dramas de Brasil: el desempleo.

    Algunos postulantes dicen tener los salvavidas, como es el caso de Henrique Meirelles, quien por 8 años fue con Lula da Silva titular del Banco Central. Para él, que inventó la ley del “techo de gastos” la eduación no tiene por qué conservar el porcentaje mínimo de la recaudación impositiva que le asigna la Constitución. Eso, sin embargo, no le impide decir al público que emprenderá “una verdadera cruzada por la calidad de la enseñanza pública en Brasil”. También hay dilemas fuertes para quiénes están en la centro izquierda, como Fernando Haddad y Ciro Gomes. Es a ellos que el economista y ex representante de Brasil ante el FMI, Paulo Nogueira Batista, les recuerda: “Se puede ganar una elección, pero perder el gobierno”. En su visión, después de la segunda vuelta “vendrá la tercera”, los primeros 100 días del próximo presidente.

    Eleonora Gosman

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