El encuentro con Trump le rindió un triunfo a Bolsonaro: Renovar su imagen politica apenas en el frente interno
El prestigio del jefe del Planalto había sufrido varias mellas, especialmente a partir de sus poteos en Twitter y de supuestos casos de corrupción de su hijo Flavio. / Foto: Reproducción/Twitter

El prestigio del jefe del Planalto había sufrido varias mellas, especialmente a partir de sus poteos en Twitter y de supuestos casos de corrupción de su hijo Flavio.

SAN PABLO (Eleonora Gosman)

¿Qué consiguió el presidente Jair Bolsonaro de su encuentro en Washington con Donald Trump? Más que nada una renovación de su imagen política en el frente interno, luego de 80 días de ejercicio del poder con cosechas malas. Para el norteamericano hubo algunas conquistas, como es el acceso a la base espacial de Alcántara en Maranhao; o también el quiebre del monopolio del trigo argentino en el Mercosur. Pero tal vez lo más significativo para Washington sea un compromiso de Bolsonaro de poner más garra en la intervención “no militar” en Venezuela para derribar al presidente Nicolás Maduro.

El centro geopolítico actual de la Casa Blanca pareciera pasar por el norteño país sudamericano. Lo cierto es que se trata apenas de uno de los ejes, que incumbe a la política hacia Sudamérica. Para Trump, y para el establishment que lo rodea, el peligro más potente procede de la bisectriz China-Rusia-Cercano Oriente. Y en esse contexto no debería llamar la atención la relativa repercusión de su visita en los medios mundiales. En Washington precisaban, además, la emergencia de un “líder” latinoamericano, que desde luego no puede ser ni Mauricio Macri (en decadencia) ni tampoco el mexicano Manuel López Obrador (de quien se teme su supuesto “populismo”). Trump como es obvio encontró en Bolsonaro aquél que podrá llevar su discurso hacia los gobiernos latinos (cierto es que para eso al brasileño le vendría bien aprender el español).

Fuera de ese papel de emisario de la concepción geopolítica norteamericana del momento, el presidente de Brasil no obtuvo resultados reales. No deja de ser un premio consuelo el lugar que se le abrirá en caso de ser declarado “Aliado Estratégico Extra Otan”. Es un simbolismo, sin consecuencias prácticas evidentes. Basta recordar el caso de Argentina que obtuvo esa “medalla” en 1999. El otro “triunfo” del nuevo gobierno brasileño, el apoyo estadounidense al ingreso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), no necesariante significa la entrada inmediata del gigante sudamericano. Se dice que la pertenencia a esse club atraerá inversiones; pero cada vez es más claro que el dinero que aterrice en el territorio verde-amarelo dependerá de cómo funcione la economía. Hasta ahora, no se sabe exactamente cuál es el modelo por el que optarán Bolsonaro y sus ministros.

A cambio de esos gestos de dudosa eficacia inmediata, el jefe del Palacio del Planalto podría toparse con algunos problemas. Por empezar, la concesión que le hizo a Estados Unidos de comprar hasta 750.000 toneladas de trigo sin impuestos aduaneros (arancel 0) afecta directamente a su socio argentino, que en sus buenas épocas llegó a venderle al vecino casi 5 millones de toneladas del cereal. Es obvio que esta es una medida suficientemente fuerte como para mercer alguna información previa al gobierno de Argentina. Pero no sólo impacta en las relaciones con el Mercosur. También tiene consecuencias directas en la explotación agrícola del estado de Paraná, que hasta ahora vendía su producción al Nordeste del país.

Para muchos analistas brasileños, hay sin duda una fuerte carga ideológica de Bolsonaro en su adscripción sin reservas a las ideas de su colega Trump. “Esto puede alejar a Brasil de otras naciones y resultar altamente negativo para los intereses del país” declaró el diplomático Roberto Abdenur, quién comandó la embajada de Brasil en Washington entre 2004 y 2006.

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