En Brasil no cede la inflación y caen los ingresos familiares

0
En Brasil no cede la inflación y caen los ingresos familiares
En Brasil no cede la inflación y caen los ingresos familiares

Los efectos bélicos de la invasión de Rusia a Ucrania ya se sienten en la economía de Brasil y Argentina. Este panorama no ayuda a mejorar la imagen del presidente Jair Bolsonaro, que aspira a la reelección.

Un mes después del inicio del conflicto entre Rusia y Ucrania, el impacto en economías emergentes como las de Brasil y Argentina, se ha tornado una combinación de buenas y malos impactos. Por un lado, los precios de los productos agrícolas y materias primas, que constituyen el grueso de las exportaciones de ambos países, registran subas espectaculares en dólares. Pero, al mismo tiempo, imponen una inflación desmesurada con perversas consecuencias sociales y políticas.

Los efectos benévolos derivan de la exportación de commodities como petróleo, minerales y granos, que proporcionan una suba de los ingresos de divisas y mejoran el desempeño de las cuentas públicas. En tanto, hay un fuerte shock negativo en relación con el Índice de Precios al Consumidor: en el caso de Brasil hubo desde febrero una elevación exagerada si se compara con períodos anteriores. El nivel inflacionario produjo un estrago sobre el nivel de ingresos del ciudadano: trepó a 10,79% en marzo, considerando los últimos 12 meses. Hasta 2021 no traspasaba un dígito; basta señalar que el año pasado, con 8,2% de inflación, el brasileño perdió 12% de sus ingresos.

La guerra en Ucrania no sólo induce un aumento de los precios de los combustibles, sino también de los alimentos por cuenta de los mayores costos de transporte” advierten los economistas. En el ambiente político se subraya que para el presidente Jair Bolsonaro, el escenario no podría ser más complicado, especialmente en función de sus aspiraciones de reelegirse para un segundo mandato. Si bien, el conjunto de medidas que adoptó para mejorar la “sensación de bolsillo” de los sectores medios y bajos, impiden por el momento que empeore la escala de popularidad (de hecho, se mantiene estancado en las preferencias de los brasileños) la inflación “dificulta un avance significativo de apoyo popular”.

Los precios de los productos agrícolas y materias primas, que constituyen el grueso de las exportaciones de Argentina y Brasil, registran subas espectaculares en dólares

Desde luego, el gobierno no permanece de brazos cruzados. Hace una semana lanzó un paquete de iniciativas que, según el propio jefe de Estado, inyectará 165 mil millones de reales en el mercado nacional (unos 34 mil millones de dólares). Esas medidas deben beneficiar, de acuerdo con los cálculos oficiales, a 120 millones de personas, o sea, más de la mitad de la población. Una de esas decisiones reduce a cero los impuestos que gravan la importación de alimentos claves para la canasta familiar, lo que en principio obligaría a bajar precios a los productores domésticos. Al mismo tiempo decretó el adelanto en el pago del aguinaldo, tanto para empleados públicos como privados. Sin embargo el fantasma inflacionario no deja de espantar las expectativas presidenciales de conseguir su reelección en octubre próximo.

Hay otros factores que influyen más allá de los precios al consumidor. De tal suerte, el ingreso de dólares vía exportación implica una mejora sustancial de las cuentas externas, tanto en Brasil como en Argentina. Y todo debería indicar en ese caso la existencia de un viento de cola que enriquecería a ambos países. Pero contra esa perspectiva conspira un dato esencial: la evolución de la tasa de interés, que encarece los créditos y reduce la producción nacional. Si por un lado, la tasa de interés ayuda a mantener o derribar la cotización del dólar, que en el caso brasileño cayó de 5,8 a 4,83 reales por divisa norteamericana, por otro lado su aceleración es una piedra gigante que pesa sobre la actividad económica. Según la Fundación Getulio Vargas, reconocida por sus informes mensuales, la economía del país no debe crecer más de 0,6% este año. Pero antes de la guerra en Ucrania, la perspectiva era de retroceso.

Brasil debe importar la mitad de lo que consume anualmente, nada menos que 14 millones de toneladas

En su última estimación, el Instituto Brasileño de Economía (de la FGV) indicó que el aumento de la demanda de las familias será solo de 0,8% y la inversión caerá 3,9%.

El ex embajador Rubens Barbosa, actual presidente de la Asociación Brasileña del Trigo (Abitrigo), sostiene que Brasil resultó muy expuesto a vulnerabilidades por causa del enfrentamiento bélico ruso-ucraniano. Primero porque quedó de manifiesto su dependencia de importaciones de insumos básicos para el campo, como fertilizantes para el cereal, que hasta ahora procedían de Rusia. Con la guerra, se dispararon las cotizaciones del grano, que ahora está en 398 dólares la tonelada. Y Brasil debe importar la mitad de lo que consume anualmente, nada menos que 14 millones de toneladas.

Así, Argentina abastece el 80% de las necesidades brasileñas de importación. Y si bien los embarques de trigo argentino ya están con precios comprometidos, hay una buena parte que todavía falta negociar. Eso ya tiene un efecto sobre el pan, un alimento que se tornó clave en las mesas de los brasileños en las últimos dos décadas.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí