En medio del pico de la pandemia, Bolsonaro vuelve a chocar con su ministro de Salud

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El presidente de Brasil corrió a un funcionario clave de Luiz Mandetta, que resiste en el cargo. Su temor por la reelección.

Por Eleonora Gosman (San Pablo)

En un momento clave de la epidemia de Coronavirus en Brasil, el presidente Jair Bolsonaro y su todavía ministro de Salud Luiz Henrique Mandetta, continúan en una confrontación perturbadora y de final incierto. Por la mañana de este miércoles, se daba por cierta la salida del funcionario, luego que el jefe de Estado le bajara el pulgar en forma aparentemente definitiva. Uno de los colaboradores del ministro, Wanderson de Oliveira, llegó a renunciar formalmente y contó en una carta dirigida a su equipo que la salida de Mandetta era sólo cuestión de horas.

Por la tarde, los técnicos de salud se aprontaron para ofrecer la conferencia de prensa diaria, que se tornó habitual por estos días. Como era obvio, los periodistas indagaron sobre qué había de cierto en la salida definitiva del ministro. «¿El presidente Bolsonaro ya le avisó que lo dimite?» interrogó un periodista. 

El contexto social y sanitario en Brasil se perfila dramático. Este miércoles la curva mostró el ascenso exponencial de las personas infectadas: totalizaron 26.113 como también de las fallecidas: 1.590 decesos. La situación afecta gravemente a Manaos, capital de Amazonas, donde 90% de los lechos hospitalarios están ocupados. 

Mandetta replicó: «Hoy hubo mucho ruído, por la renuncia del secretario Wanderson», quien finalmente tuvo que dar marcha atrás para permanecer en el equipo. Luego, explico: «Hay tres hechos que pueden ocurrir para alejarme: el primero es que el presidente no quiera más mi trabajo (y por lo tanto lo eche); el segundo es que, eventualmente, sea contaminado con la dolencia y me vea obligado a alejarme por razones ajenas a mí. El tercero es que yo llegue a sentir que mi trabajo ya no es más necesario porque ya pasó el estrés». Quedó claro, en esa respuesta, que Mandetta no está dispuesto a renunciar; lo que obligaría al jefe de Estado a concretar su despido.

La crisis en el Palacio del Planalto viene de hace tiempo, pero adquirió más relevancia las dos últimas semanas, cuando el enojo presidencial con su funcionario se tornó público. La salida de Mandetta parecía i inminente; tanto que llegó a informar a sus secretarios que esta vez tendrían que salir de Brasilia. Fue entonces Wanderson de Oliveira, tercero en la línea superior, decidió enviar su renuncia. Y en una carta de despedida a sus colaboradores advirtió: «Solo Dios puede entender lo que ellos (el gobierno) quieren hacer».

El contexto social y sanitario se perfila dramático. Este miércoles la curva mostró el ascenso exponencial de las personas infectadas: totalizaron 26.113 como también de las fallecidas: 1.590 decesos. La situación afecta gravemente a Manaos, capital de Amazonas, donde 90% de los lechos hospitalarios están ya ocupados. A San Pablo no le va mejor. Las apelaciones realizadas diariamente por el gobernador Joao Doria para que los paulistanos permanezcan en sus casas, se cumplió este miércoles en tan solo en 50%. La posibilidad de utilizar las fuerzas policiales para efectivizar el aislamiento fue descartada por imposición contraria del gobierno federal.

¿Qué explica las indefiniciones presidenciales ante la «rebeldía» del ministro? Uno de los factores es la continuidad de un ministerio que podría perder a sus cabezas esenciales, técnicamente reconocidas en el país y en el exterior. Es un riesgo gigante para Bolsonaro y su elenco. Mandetta y su equipo trazaron las líneas fundamentales de la estrategia contra el Covid-19. Por esa misma razón, los parlamentarios próximos al presidente Bolsonaro viajaron de urgencia a Brasilia. Están abiertamente asustados. El mundo político buscó evitar que se concrete la baja del ministro de Salud. Afirmaban por la tarde: «Sin Mandetta, el presidente deberá soportar sobre sus espaldas el desgaste del aumento en el número de muertos, prevista para las próximas semanas» según hicieron saber los dirigentes. Esto implicaría, inclusive, poner en juego la reelección en octubre de 2022. Sostienen también que, en este momento, es una «temeridad» desmontar el equipo de Salud que estuvo al frente del combate al Convid-19, desde un inicio.

¿Cómo y por qué se llegó a esa celada? Hay una disputa por el protagonismo que llevó a Bolsonaro, en más de una oportunidad, a usar su lapicera para firmar el despido de varios de sus ministros. Pero también entra en la disputa concepciones diferentes del impacto que tendrá la epidemia en Brasil. Para Mandetta, como para toda la comunidad médica brasileña, no hay dudas que debe imponerse el lockdown, es decir, la cuarentena. Avisaron que se avecina un caos hospitalario. Ya se ve en Manaos, y está a punto de doblegar a San Pablo. Por contraposición a esa postura, Bolsonaro dice no al aislamiento, porque «acaba con la economía» y «mata de hambre» a los más vulnerables. Tal como presentó su postura hasta ahora, el presidente ha convertido la «no cuarentena» en el eje de sus discursos y de sus acciones. Varias veces se presentó de improviso en panaderías y almacenes de Brasilia, dónde estrechó las manos de los brasilienses, se sacó selfies con ellos y les habló sin barbijo.

El otro factor para la reyerta con su ministro es la hidroxicloroquina, un medicamento para la malaria que a toda costa Bolsonaro quiere imponer. El equipo de Salud se niega a permitir el uso indiscriminado de la droga, por los efectos colaterales que tiene. Sólo admite su empleo en caso de extrema gravedad.

Al ala militar del gobierno encabezada por el ministro coordinador Walter Braga Netto, que ejerce en este momento la jefatura operativa del Planalto en la lucha contra el Coronavirus, le preocupa la continuidad del ministerio de Salud. Por eso, batalla para colocar en ese puesto al actual número dos, Gabbardo. Pero por la noche quedó claro que este funcionario también se irá con el ministro. Lo cierto es que el resultado de esta batalla no será fácil de dirimir. 

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