Fernández vs Bolsonaro: el Mercosur sigue en cuarentena por culpa de las divergencias

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Fernández vs Bolsonaro: el Mercosur sigue en cuarentena por culpa de las divergencias
Con la opción de encuentro virtual, Alberto y Bolsonaro evitan la oportunidad de una primera cita privada entre los mandatarios. | PERFIL

El encuentro entre Jair Bolsonaro y Alberto Fernández ya no será presencial como se esperaba. Algunos dicen que la amistad que manifiestan con el expresidente Lula.

El gobierno de Jair Bolsonaro optó por colocar al Mercosur en una nueva cuarentena. Anunció a principios de esta semana, que la cumbre del bloque prevista para jueves y viernes próximos, ya no será presencial como se aguardaba sino que vuelve a la virtualidad. En Brasilia dijeron que culpa es de la variante del Ómicron del Covid-19, que impide encuentros cara a cara. Con esa decisión brasileña, que preside pro tempore el mercado común sureño, se derritió también la oportunidad de una primera cita privada entre el presidente brasileño y Alberto Fernández que debía realizarse en el Palacio de Itamaraty. Hasta ahora ellos se vieron personalmente una única vez y fue en la cumbre del G20 en Roma, donde intercambiaron brevemente saludos “cordiales”, al decir de funcionarios de ambos lados.

Para el bloque, el encuentro “online” implica retrasar iniciativas que podrían revigorizarlo. Como lo demuestra la historia de la región, cuando se agudizan las diferencias, estas suelen ser resueltas más fácilmente en citas bilaterales de los jefes de Estado. Pero por obra y gracia de la Pandemia, que inviabiliza esos encuentros “face to face”, ni Fernández ni Bolsonaro podrán sacar al mercado común de un cierto inmovilismo.

El gobierno de Jair Bolsonaro optó por colocar al Mercosur en una nueva cuarentena

Tal como ocurre desde diciembre desde 2020, esta vez no sólo medió la situación sanitaria. También influyó una seguidilla de altercados. Las irritaciones explícitas o implícitas entre ambos empezaron cuando el brasileño declaró, públicamente, que el pueblo argentino había “elegido mal” al votar por Alberto. Sin ocultar su desgano, Bolsonaro faltó a la asunción de su flamante colega en diciembre de 2019 y, en adelante, no tuvo pruritos en calificar a la Argentina como un país fracasado, cuyo “ejemplo” debía servir para hacer exactamente lo contrario de lo propuesto por la Casa Rosada.

Por entonces, en Brasilia adjudicaban ese rechazo del flamante gobierno argentino, por las nítidas preferencias que Fernández manifestó siempre en relación al ex presidente Lula da Silva. Con todo, hubo en todo este período un trasfondo económico que alguna vez marcó el ministro Paulo Guedes: para el bolsonarismo la clave del “progreso económico” consiste en desplegar una política aperturista que facilite las importaciones desde el resto del mundo, como forma de integrarse a las cadenas globales de producción. Esa estrategia poco y nada tiene que ver con los intereses del “albertismo”, basado en principio en una mayor protección a la fabricación industrial y en la conquista de nuevas inversiones locales o extranjeras para ese segmento.

Pese a las disparidades, los dos grandes socios decidieron llegar a un acuerdo que luego fue refrendado por Uruguay y Paraguay. Concordaron en ir a una apertura gradual del bloque pero limitada por una rebaja de 10% en los aranceles (impuestos) de importación. A partir de ese momento, hubo un afloje en las tensiones bilaterales. Y así fue que Brasil, encargado de la organización de la cumbre 59 del bloque, decidió montar la primera cita personal entre JB y AF.

"En Brasilia adjudicaban ese rechazo del flamante gobierno argentino, por las nítidas preferencias que Fernández manifestó siempre en relación al ex presidente Lula da Silva"
«En Brasilia adjudicaban ese rechazo del flamante gobierno argentino, por las nítidas preferencias que Fernández manifestó siempre en relación al ex presidente Lula da Silva»

Todo parecía marchar sobre ruedas y estaba pronta ya la primera recepción formal de Alberto como jefe de Estado. Pero en el camino hacia Brasilia se interpuso un obstáculo: el convite al ex presidente Lula da Silva para que su participación en la conmemoración del Día de la Democracia y de los Derechos Humanos, junto a Fernández, a José Pepe Mujica y a la vicepresidenta Cristina Kirchner. A Bolsonaro esa invitación le cayó mal y lo retrotrajo a las épocas de relaciones conturbadas.

Es que Brasil encara en menos de un año una elección donde está en juego la continuidad y/o salida del actual presidente. ¿Quiénes competirán en esa contienda? Todo parece indicar que la confrontación final será entre Lula, que sigue primero en las encuestas, y el propio Bolsonaro que está en segundo lugar.

Según el ministro de Comunicaciones brasileño, Fabio Faria, los comicios de octubre de 2022 serán “históricos, pues se enfrentarán los dos hombres más populares de las últimas tres décadas, uno a la derecha y otro a la izquierda”.

Y si bien en Brasil se habla mucho de la necesidad de una tercera vía “moderada”, especialmente luego de la aparición el ex juez del Lava Jato, Sergio Moro, como presidenciable del partido Podemos, lo cierto es que aún no despegó esa alternativa. “No creo que la tercera vía venga a complicar el juego” declaró el ministro Faria.

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