Números. Las cotizaciones de las monedas extranjeras, ayer, en una casa de cambio de Río de Janeiro.

Las ventas a Brasil de autos fabricados en el país sufrieron una baja de 22% este año

Días antes de terminar su gestión, en diciembre de 1999, el entonces ministro Roque Fernández aseguraba a quien quisiera escucharlo: “La economía argentina está en piloto automático”. Bastaba entonces a quien lo sucediera mantener el rumbo que todo iría bien. El peso seguía uno a uno con el dólar; en cambio, durante ese año el real había sufrido una tremenda devaluación: 39%, frente a la divisa estadounidense.

Hubo quienes en la época se solazaban con bautizar la crisis de Brasil de “efecto caipirinha” como si se tratara de algo que ocurría en tierras lejanas. No era después de todo más cercana que la crisis rusa o la de los tigres asiáticos. Había una decisión consciente o no, en el país, de ignorar los efectos que ese brutal ajuste de la economía brasileña tendría en Argentina. Estas influencias se verían en la práctica un año después.

En 2015 las condiciones son distintas. Primero no hay una paridad establecida por ley y, los ministros de Economía, quienes sean, tienen las manos libres para introducir los ajustes necesarios. Pero no deja de ser una realidad que, como hace ya 15 años, la desvalorización de la moneda brasileña frente al peso argentino asume proporciones considerables: desde inicios de este año, llega a 36,5%. Desde luego, nada de esto pasa sin impactar en la producción argentina. Por empezar en industrias clave como la automotriz, con fuerte impacto en el empleo.

Las ventas de autos fabricados en el país al mercado brasileño sufrieron una baja de 22% en lo que va del año. Todo indica que el componente brasileño tiene una importancia capital en el comportamiento del sector externo argentino.

Según los especialistas, a la devaluación de Brasil acompañada por la recesión en este gigante sudamericano se vienen a sumar, además, la desaceleración de la economía de China. De acuerdo con Marcelo Elizondo, esto ocurre dentro de un contexto interno con “los efectos de la brecha cambiaria, la pérdida de competitividad, la inflación de costos y una alta presión tributaria”.

Hay otros elementos, tal vez más vistosos pero potencialmente no tan dañinos. Según las estadísticas del Banco Central brasileño,

la escalada del dólar ya repercute en los gastos de los brasileños en el exterior. En agosto último, los turistas de Brasil gastaron 46% menos que en el mismo mes de 2014.

De acuerdo con autoridades del BC, es el rubro que reacciona en forma más elástica a la velocidad de las variaciones de la tasa de cambio: “El brasileño viajará mucho menos al exterior en vista del encarecimiento no sólo de los pasajes sino también de los gastos en cualquier destino externo”. En forma estimativa, la institución calcula que las cifras de septiembre serán peores, con una baja de los gastos de turismo de 53% en relación al año anterior.

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