Fuerte malestar en el PT por el giro neoliberal de Rousseff

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La inminencia de la designación oficial del economista “ortodoxo” Joaquim Levy, que debe ser anunciada por Dilma Rousseff mañana, aumentó el “malestar” en sectores del Partido de los Trabajadores que no comulgan con la visión “neoliberal” del futuro ministro de Hacienda. La consagración del ex alumno de Arminio Fraga, el hombre que iría a ocupar ese puesto si el triunfador hubiera sido el opositor Aécio Neves, para muchos dirigentes del ala izquierdista del PT representa tirar por la borda los ideales desarrollistas y pro industriales en los que hizo eje esa agrupación.
Se afirma que Levy asesoró, aunque indirectamente, al opositor Partido Socialdemócrata de Brasil (PSDB) durante la campaña electoral de octubre. Prohijado por el ex ministro de Lula, Antonio Palocci, Levy llegó al cargo de secretario del Tesoro. En la función pública tuvo sus rencillas con la entonces ministra Rousseff, de Minas y Energía. Se puede suponer que hoy la relación entre ambos tomaría otro perfil. Los miembros del PT que participan del gobierno salieron estos días a respaldar la elección de este economista. Pero aquellos que están más vinculados a la estructura partidaria marcaron que hay una “flagrante” contradicción entre los postulados que desplegó Dilma durante su campaña y la posición actual como presidenta reelecta. En su primera función, ella criticó ácidamente a la ex candidata Marina Silva por su proximidad con la banquera del Itaú Neca Setúbal.
No se puede decir que sea lo mismo, pero al optar por Levy la presidenta reconoció implícitamente la necesidad de “poner orden” en las cuentas. El pasaje del experto por el gobierno de Lula demostró la mano férrea en el control de los gastos gubernamentales. Se dice que su salida del puesto fue promovida entonces por sectores que temieron daños a las políticas sociales y, por consiguiente, a la popularidad del ex presidente y fundador del PT. Durante su paso por el Tesoro, Levy también logró reestructurar el perfil de la deuda pública, de modo de alargar los vencimientos de los títulos brasileños y colocarlos en el centro de atención de los inversores extranjeros.
Según la prensa local, el futuro ministro tiene “opiniones duras” y es “un obsesionado” por cumplir las metas que se impone. Los medios advierten también una característica que podría resultar negativa en la función pública: la arrogancia. Aunque señalan que el tiempo pasado en tareas de gobierno lo han tornado más político.
En resumen, a los sectores rebeldes del PT les quedan pocas chances de demandar un cambio de figuras, pese a renovadas protestas. El nuevo seleccionado económico de Dilma, al que se suman los economistas Nelson Barbosa en el ministerio de Planificación y Alexandre Tombini en el Banco Central, ya debe empezar a jugar a partir del viernes. Ayer, el futuro ministro estuvo en Brasilia donde, según se afirmó, mantuvo conversaciones “técnicas”. Otro detalle: su nombramiento viene acompañado por un cambio de guardia en el Banco Nacional de Desarrollo (BNDES), cuyo director, Luciano Coutinho, debe ser reemplazado a fin de año. Esa era la institución que Dilma se negó a tocar, de acuerdo a sus propuestas de campaña.

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