En la casa del ex coronel Paulo Malhaes, asesinado en abril, encontraron documentos de su colaboración en la desaparición de militantes montoneros.

Pasaron 14 años, y un asesinato ocurrido en abril último, para que se reconfirmara lo que ya se sabía desde 2000: la participación directa del Centro de Informaciones del Ejército brasileño en la persecución y secuestro de militantes de la organización Montoneros entre fines de 1979 y mediados de 1980. Una serie de documentos encontrados en la residencia del ex coronel Paulo Malhaes, muerto a balazos hace siete meses cuando se aprestaba a declarar ante la Comisión de la Verdad, rescatan parte de esa tenebrosa historia que fue ampliamente investigada en el 2000 por el juez argentino Claudio Bonadio.

Malhaes llegó a testimoniar ante la comisión creada por Dilma Rousseff, partes de los episodios que muestran la estrecha interrelación entre los regímenes represivos de América del Sur, particularmente los de Argentina y Brasil. Pero el plomo le impidió completar su confesión. Ahora, dos carpetas descubiertas en su casa por el Ministerio Público brasileño muestran las entrañas de la Operación Gringo, encargada de la captura en el aeropuerto de Río de Janeiro de Horacio Campiglia y Mónica Susana Pinus, quienes fueron enviados a la Argentina en un Hércules C-130 de la Fuerza Aérea. Ambos estaban con pasaportes falsos a nombre de Jorge Piñero y María Cristina Aguirre de Prinssot.

n la época en que ocurrieron (1979) estas desapariciones en Brasilia y en Buenos Aires los jerarcas militares pensaban que habría una contraofensiva de los Montoneros, que tendría como punto de apoyo ciudades de la frontera entre ambos países como Foz de Iguazú, por donde debían pasar las armas que abastecerían la organización clandestina. De acuerdo con las carpetas del asesinado coronel Malhaes, a las que accedió el diario carioca O Globo, los represores brasileños creían que muchos de los exiliados en Brasil, que vivían en Río y en San Pablo, servirían también de base para ese operativo montonero. Uno de los documentos, fechado el 31 de diciembre de 1979, citaba a Campiglia como el “secretario Petrus” de la organización armada. El había vivido en la capital carioca entre 1977 e 1978. La CIE estaba convencida que Mario Firmenich había enviado un grupo de jóvenes a formarse militarmente en Libia y Cuba para constituir la Tropas Especiales de Infantería, cuya misión sería derribar la dictadura.

Reconocido como uno de los agentes más brutales en el Ejército, Malhaes conservó dos legajos con las atrocidades cometidas por la represión brasileña. Allí están descritas sus misiones que terminaron con la desaparición de 14 personas.

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