Jair Bolsonaro y su racismo persistente

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No es la primera vez que el presidente brasileño se refiere a la problación negra con lenguaje despectivo. «¿Cuántas arrobas -llamar a la víctima animales- pesas? Más de siete ¿no?”, dijo.

Hace 134 años, el 13 de mayo de 1888, una princesa brasileña firmaba de puño y letra la legislación bautizada “áurea”, que supuestamente pondría fin a la esclavitud de los afrobrasileños. Pero en los movimientos negros nadie celebra la fecha, que ni siquiera es reivindicada como feriado. Es que el acto de Isabel, hija de Pedro II, no quebró la “lógica esclavista y racista” de la sociedad de Brasil. Las rémoras discriminatorias subsisten aún hoy y nada menos que Jair Bolsonaro personifica una prueba viva de esa persistencia.

Pocas horas atrás, el jefe de Estado retornó a su costumbre de hablar del pueblo negro con lenguaje despreciativo. Estaba, como siempre, rodeado de sus partidarios en la puerta del Palacio de la Alvorada (la residencia oficial) cuando divisó entre ellos a un hombre alto y corpulento de tez morena. Le preguntó: “¿Cuántas arrobas pesás? Más de siete ¿no?”. La frase hizo estallar las risas entre los seguidores del gobernante; más aún, él mismo largó una carcajada.

Las rémoras discriminatorias subsisten aún hoy y nada menos que Jair Bolsonaro personifica

Es que hablar de “arroba” equivale a llamar a la víctima de “animal”. Es la medida empleada para dimensionar el peso del ganado vacuno y porcino; pero también se utiliza para cereales a granel. No feliz con la chanza, Bolsonaro insistió: “¿Sabías que ya fui procesado por haber dicho esto? Llamé a un tipo (también negro) de ocho arrobas”.  En efecto, en 2018, cuando el entonces diputado peleaba para lanzarse a la presidencia, la procuradora general Raquel Dodge lo acusó de cometer el delito de racismo por un discurso del mismo tenor pronunciado en la época en Río de Janeiro. En aquella oportunidad fue más lejos al relatar que su periplo por “quilombo”, el lugar donde antiguamente se agrupaban los afrodescendientes que habían conseguido liberarse. En esa visita, el candidato presidencial de aquel tiempo que triunfó después en las urnas –en octubre de 2018– descubrió según sus propias palabras que el negro “más delgado pesaba siete arrobas. ¡Y no hacen nada! Pienso que ni siquiera sirven para procrear. Y hemos gastado en ellos más de mil millones de reales”.

La fiscal Dodge juzgó en el momento que el actual presidente de Brasil se había referido a los negros “como si fuesen animales”.

La fiscal Dodge juzgó en el momento que el actual presidente de Brasil se había referido a los negros “como si fuesen animales”. Y enfatizó que el empleo de la palabra “arroba” resultaba “inaceptable, porque se alinea con el régimen de esclavitud, en la que los negros eran tratados como mera mercadería”. 

Por eso mismo, en este 13 de mayo, no hay quien quiera festejar una abolición de hace 134 años considerada “fraudulenta”. Para la historiadora Martha Abreu, Brasil continúa sin reconocer la lucha del pueblo negro para liberarse de la esclavitud: “La firma de la ley áurea fue precedida por un movimiento abolicionista, el primer movimiento de masas (del país)” sostuvo. Y luego añadió que la continuidad y vigencia de la fecha equivale a mantener a la “princesa blanca como heroína desconociendo el protagonismo negro. Eso es producto del lastre racista”.

Emerson Osasco, líder del Movimiento Negro y concejal en el municipio paulista homónimo, no dudó en calificar a Bolsonaro como “genocida, racista y fascista. Él encara la representación del mal en la Tierra. Espero que sea condenado, no sólo él sino la también la familia y los milicianos (grupo paramilitar) de los que está rodeado”. El dirigente conversó con esta periodista el sábado último, durante el acto que declaró la candidatura del ex presidente Lula da Silva junto a su vice Geraldo Alckmin. Emerson se despidió con un “Viva Lula, fuera Bolsonaro”.

Las distintas agrupaciones del movimiento negro sostienen que la discriminación se expresa hoy en las desigualdades sociales como también en las masacres cometidas en las favelas por milicianos y fuerzas policiales. Y los historiadores advierten que la sociedad brasileña “no debería aceptar, como una costumbre, levantarse todos los días con la noticia de personas negras que fueron asesinadas por la violencia de un Estado que los debería proteger”.  No es por casualidad que Bolsonaro reitere sus peculiares bromas racistas. En el pasado fue una forma atraer a las huestes más ultraderechistas del país. Tal vez hoy piense que puede consolidar ese sector de su entorno con esta clase de estrategia electoral.

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