La Corte Suprema de Brasil tiene la llave para una destitución «exprés» de Bolsonaro

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La Corte Suprema de Brasil tiene la llave para una destitución
José Antonio Dias Toffoli, el presidente del Supremo Tribunal de Brasil

La medida por ahora es resistida por el ala militar y el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia.

Por Eleonora Gosman – San Pablo

La crisis política en Brasil no tiene plazo para terminar. La salida de Sergio Moro del ministerio de Justicia dio lugar a la aparición de sectores del poder político que reclamaron la inmediata renuncia de Jair Bolsonaro. El ex presidente Fernando Henrique Cardoso fue quien verbalizó esa postura al decirle al jefe de Estado: «Renuncie porque si no, lo van a renunciar». El gobernador Joao Doria, también un socialdemócrata, lo respaldó. La apuesta, que contaba con el asentimiento de líderes parlamentarios, se había enfocado en la posibilidad de poner en manos de la Corte Suprema la destitución presidencial. De hecho, es el mecanismo más rápido con que contarían para excluir a Bolsonaro del poder.

No fue casual que el mismo viernes ingresara en el Supremo Tribunal Federal una causa presentada por el procurador general, que pidió la investigación sobre posibles delitos del presidente; es decir, de aquellos que lo acusó su ex ministro. Este martes el juez del STF Celso de Mello decidió abrir el caso sobre los dichos de Moro.

Si avanza el juicio en manos del Supremo Tribunal hay una posibilidad real de sacar a Bolsonaro del Planalto, al menos hasta una sentencia definitiva. Pero el avance de esa operación requerirá la autorización de la Cámara de Diputados (vía votación en plenario). Y esto no es un detalle.

Ocurre que para Bolsonaro y sus ministros del ala militar es «inviable» el reemplazo del presidente, inclusive por su vice Hamilton Mourao también militar. Ni el general Walter Braga, ministro jefe de la Casa Civil, ni su colega Eduardo Ramos ministro de la Secretaría de la Presidencia, como tampoco Augusto Heleno, de Seguridad Institucional, están dispuestos a entregar al jefe de Estado. Bolsonaro nombró a Braga en febrero último y así dio un paso para el «fortalecimiento» de sus vínculos con las Fuerzas Armadas. En ese contexto, incorporó al vicealmirante Flavio Rocha, jefe de la Secretaría de Asuntos Estratégicos. Y en el Planalto el ala militar se tornó omnipresente, al comandar las acciones operacionales de las iniciativas del gobierno.

Alejado Sergio Moro, el presidente Bolsonaro decidió este lunes a asegurar la permanencia del ministro de Economía Paulo Guedes: «Es el hombre que decide todo en economía». De hecho, se había especulado el fin de semana que Guedes podía ser el tercer ministro a ser «fritado» por el presidente, una expresión común en los medios brasileños. Es que el funcionario entró en la cuerda floja cuando, el viernes pasado, colisionó con el actual jefe de la Casa Civil Walter Braga. Hay quien dijo, este fin de semana, que «la vieja guerra entre liberales y desarrollistas empuja a Guedes a la arena del Coliseo». Por cierto, eso causó alarma en los mercados financieros, que este lunes se sintieron más tranquilos después de las declaraciones presidenciales.

La disputa del ministro del establishment con Braga Netto, de quién dicen que tiene ADN desarrollista, se originó el jueves último. Fue cuando el jefe de la Casa Civil anunció el programa de recuperación productiva pos Coronavirus. Se trata del Plan Pro Brasil, que implica un desembolso de 27.000 millones de dólares por parte del Estado para obras de infraestructura. Este lunes por la mañana, al salir de una reunión con Bolsonaro en el Palacio de la Alvorada (la residencia oficial), Guedes dijo que iría cuidar con mucha atención el tema fiscal. En ese contexto aseguró: «No queremos convertirnos en Argentina, ni tampoco en Venezuela. Estamos en otro camino, el camino de la prosperidad y no de la desesperación».

El viernes hubo entusiasmo de amplios sectores políticos con la posibilidad de una derrota bolsonarista en la justicia. Y desde sectores del centro y de la izquierda se aventó la posibilidad de promover un impeachment. De hecho, hay 30 pedidos de juicio político presentados ante la cúpula de Diputados. Pero hubo un político de fuste que dinamitó esta última iniciativa. Y fue precisamente el jefe de la Cámara Baja Rodrigo Maia. «Creo que estos procesos deben ser pensados con mucho cuidado. Debemos tener equilibrio» sentenció. A juicio de este político que nació en Chile, porque allí se habían exiliado sus padres perseguidos por la dictadura brasileña, la pandemia del Covid-19 no dejaría espacio para la aventura.

Lo notable del caso es que no solo la izquierda pidió, unificada, la destitución vía Parlamento del presidente brasileño. Organizaciones tan distantes del PT como el Movimiento Brasil Libre hicieron presentaciones para el impeachment de Bolsonaro. El MBL fue muy activo en las movilizaciones de 2016 que demandaban el desplazamiento de Dilma Rousseff. Más todavía, una diputada que es del Partido Social Liberal (PSL), la ex agrupación bolsonarista, se pronunció en el mismo sentido. Y el PSDB, de Cardoso, reclamó la constitución de una Comisión Mixta Parlamentaria de Investigación de los delitos que se le imputan a Bolsonaro.

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