En el norte más pobre del país, el voto fue para el PT. La oposición ganó en las zonas de ingresos salariales más altos.

Dilma Rousseff se esforzó por tender puentes hacia sectores adversarios, incluidos los perdedores de la batalla electoral. Pero el bando contrario insistió en endilgarle una intención, al menos al partido de la presidenta reelecta, de dividir al país. “Hicieron la tentativa de partir la nación por clase social, por color o por región. Y eso no es aceptable”, declaró ayer el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, uno de los popes de la oposición.

En esta segunda vuelta, la distribución geográfica del voto reveló una línea divisoria clara. Los mayor parte del territorio que se extiende hacia el norte, 14 estadoS en total, se tiñó de rojo, el color partidario del PT. Incluso ganó en Pernambuco, de donde salió la ex candidata Marina Silva luego de la muerte del ex gobernador de ese estado provincial Eduardo Campos.

Ese fenómeno fue un espejo de las desigualdades regionales del país. No sólo porque concentran, todavía, la mayor parte de la población brasileña de ingresos más bajos. También porque ha sido la más beneficiada por los dos primeros gobiernos de Lula da Silva y el de la primera gestión de Dilma. El crecimiento económico de Bahía y Ceará, Maranhão, Piauí y Ceará fue durante 12 años ampliamente superior a la media nacional. Ese mayor énfasis en el desarrollo nordestino fue, hasta ahora, uno de los ejes de las apuestas económicas del PT: hacer crecer el mercado interno a partir de integrar lo que antes quedaba fuera del mapa económico del país. El nordeste era apenas recordado en el sur como un lugar de buenas playas para el veraneo.

De tal suerte, en Bahía, que es el cuarto colegio electoral, Dilma arrasó con 70%. En cambio, el sur y el sudeste brasileño abrazaron la causa de Aécio Neves. En San Pablo llegó a obtener 64% de los votos, un volumen superior al que había obtenido en 2010 su compañero de partido José Serra. En Río Grande del Sur estuvo un poco más equilibrado: allí Neves obtuvo 53,5% contra 46,5% de Rousseff.

Hubo sin embargo dos grandes excepciones en el Brasil desarrollado. Una es Minas Gerais, el estado que gobernó Neves durante dos mandatos. Sus coprovincianos le retiraron la alfombra. Allí ganó Dilma con 52,4%. Y el opositor, que quiso aguardar los resultados en lo que era su cuna política, debió absorber la amarga derrota.Otro estado provincial, el tercero en importancia dentro del país, le retaceó el apoyo al ex candidato socialdemócrata: Río de Janeiro. Los fluminenses le dieron su respaldo a Dilma. Claro que la capital carioca no fue uniforme: mientras Leblon, Ipanema y Copacabana se tornaron fieles “aecistas”, las regiones pobres como Mangueira y Benfica optaron por ser “dilmistas”.

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