La incertidumbre electoral derrumba la confianza de los empresarios

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    La incertidumbre electoral derrumba la confianza de los empresarios
    Juntos. Cuatro de los candidatos presidenciales en un debate por televisión. De izquierda a derecha: Jair Bolsonaro, Geraldo Alckmin, Guilherme Boulos y Henrique Meirelles. EFE

    Un sondeo en 6.000 empresas reveló que para el 72% de ellas la situación económica es una de las peores desde 2016, cuando comenzó el gobierno de Michel Temer.

    Hay que remontarse casi 70 años para referirse a un escenario de democracia en Brasil, con un nivel de incertidumbre político-electoral como la que domina la etapa actual. No solo es difícil arriesgar un pronóstico de quién llegará como candidato a la segunda vuelta de estos comicios, el próximo 28 de octubre. Tampoco es fácil avisorar la autonomía de gobierno que tendrá el próximo presidente brasileño, ya sea por la conflictividad social como también por las dificultades para negociar con los sectores empresariales, de un lado, y el Congreso del otro. Es esa inseguridad la que explica el derrumbe de la confianza empresarial en la evolución de la economía.

    Un indicador indiscutible es el Indice de Confianza del Empresario del Comercio (CNC). Este agosto acusó un declive singular, con el menor nivel de los últimos doce meses. Fue de 2,5% desde julio. Una encuesta entre 6.000 empresas reveló que para 72% de los entrevistados el panorama económico es uno de los peores desde 2016, cuando se inauguró el gobierno de Michel Temer.

    El jefe de Estado brasileño suele solazarse con los “excelente índices de crecimiento económico”. Lo cierto es que, faltando apenas 40 días para la primera vuelta de los comicios, lo que se observa “es una caída acumulada en el volumen de ventas minoristas de 20% entre 2015 y 2016; mientras que de ese derrape ni siquiera será recuperada la mitad”, indicó Fabio Bentes, economista de la Confederación Nacional del Comercio.

    “El año 2018 será un nuevo año de frustración del comercio minorista. Y eso por dos razones: primero, porque la economía no se recuperó como se esperaba. Y segundo porque el futuro electoral no estimula”. En su visión, podrá haber más retrocesos en los próximos meses.

    Esta fase pesimista del comercio tiene sus implicaciones en la industria. El índice de confianza de las empresas manufactureras, en agosto, es el menor desde comienzo del año. Elaborado por la Fundación Getulio Vargas (FGV), el informe sobre las expectativas industriales revela: “La fragilidad de la recuperación industrial, retratada por los sondeos desde enero último, concluye en agosto con un nivel de confianza inferior a los 100 puntos (justamente, la divisoria entre confianza y desconfianza)”. Más aún, completa su informe con una conclusión nada estimulante. Dice: “El elevado nivel de incertezas, tanto domésticas como internacionales, tornan muy distante en el tiempo la recuperación de la confianza”.

    En ese contexto no es sorprendente la situación del mercado de cambio. Los inversores han afirmado, hasta ahora, que Brasil tiene cómo enfrentar los malos tiempos actuales. Sin embargo, la evolución del dólar medido en reales indica que los dueños del capital no quieren jugarse. Hubo una tregua el viernes pasado, donde la cotización de la divisa norteamericana se redujo en algunos centavitos.

    Pero el efecto de calma aparente no duró demasiado. Es que hay datos alarmantes: la deuda pública, es decir en reales, del país asciende en dólares a casi 980 mil millones. Difícil imaginar qué podría pasar si los dueños de los títulos (en reales) decidieran protegerse mediante la compra de dólares. No hay reservas que aguanten; ni siquiera las de Brasil, que hoy ascienden a 380.000 millones de la divisa norteamericana.

    Lo cierto es que se derrumba el sueño del actual gobierno de terminar en una situación de activo crecimiento y sin inflación. Los agentes de los mercados de cambio tratan de evitar el énfasis en las cuestiones internas y aluden, en consecuencia, al “empeoramiento del ambiente global para los emergentes”.

    Con todo deben admitir que buena parte de la escalada se debe a la disputa presidencial: “Es el factor principal”, dijeron en las mesas de dinero. En este panorama de corto plazo, el Banco Central brasileño se llamó al silencio. No da pistas, afirman, sobre cuál será su comportamiento en la plaza cambiaria. No dieron señales de que vayan a intervenir con una venta masiva de sus reservas. Esto se debe, en gran medida, a una cuestión política: “Una intervención en los mercados provocaría una contagiosa sensación de pánico”.

    Hay, desde luego, otro elemento que pone negro sobre blanco el nivel de “desconfianza”. En Brasil, unos 2.000 millonarios dejaron el país en 2017. Es decir, llevaron todo su patrimonio al exterior. Así lo indica la consultora Global Wealth Report Review de 2018. Esto ubica al país entre las 10 economías mundiales que “exportan” los “ahorros” de sus ricos. La medición solo toma en cuenta a aquellos que sacaron más de un millón de dólares. ¿Dónde se radican? En Portugal, en España y en Estados Unidos. Y ¿de dónde sale la mayor parte del capital que va al extranjero? De la ciudad de San Pablo, que concentra la mayor riqueza del país.

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