La inhabilitación de Lula por la justicia no despeja las dudas sobre la elección de octubre

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    La inhabilitación de Lula por la justicia no despeja las dudas sobre la elección de octubre
    Partidarios del ex presidente socialdemócrata Lula da Silva piden por su libertad. (AFP)

    El ex presidente no podrá ser candidato. Para las encuestadoras, el favorito es ahora el polémico ultraderechista Bolsonaro quien pasaría al balotaje. No es claro si su rival será el promercado Alckmin o el delfín de Lula, el socialdemócrata Haddad.

    Estas nuevas elecciones en Brasil figurarán, sin duda, como una de las más extrañas en la Sudamérica del siglo XXI. Situaciones que comienzan con un déficit democrático, en su sentido más estricto, por lo general tienen desenlaces imprevistos y complicados. Quien suceda, en Brasil, al actual presidente Michel Temer, cuya llegada al tope del poder se debió a un impeachment parlamentario contra la ex presidenta Dilma Rousseff, tendrá que encarar un camino de piedras punteagudas.

    No solo le espera un escenario económico poco alentador. También deberá enfrentarse con una adhesión política de dudosa calidad, como son por ejemplo los partidos de centro que dominan el Parlamento en este país.

    Las cabezas del Tribunal Superior Electoral (TSE) de Brasil, aquellos que también son jueces de la Corte Suprema (Rosa Weber, Luis Barroso y Edson Fachin), algo percibieron de errado en una resolución tomada por ellos por 6 magistrados a 1, la madrugada del viernes.

    La sentencia de ese tribunal dejó al ex presidente Lula da Silva fuera de la carrera electoral de este año. Con todo, a último minuto del sábado y en una reunión a puertas cerradas, sin la Tv por delante, buscaron resarcir parcialmente al damnificado. Esos jueces acordaron que el Partido de los Trabajadores mantenga su propaganda electoral gratuita prácticamente sin mella. Existía el riesgo, inclusive, de que el PT quedara afuera del horario en radio y televisión que les corresponde.

    Pero no sólo esto: los spots publicitarios podrán incluir la imagen y hasta videos de Lula. La única restricción es que no figure como candidato.

    El esquema propagandístico en radios y canales de TV, todavía tiene en Brasil una importancia considerable. Es cierto que esta elección servirá para medir cuánto avanzaron las redes sociales en el terreno de las campañas.

    Candidatos muy bien ubicados en las encuestas, como el ultraderechista Jair Bolsonaro y la centrista Marina Silva (de Red Sustentable) tienen apenas unos 8 segundos cada uno. Ella, la única postulante mujer al máximo cargo electivo, que aparece en segundo lugar en las encuestas cuando Lula no es mencionado, optó por usar ese espacio para dirigirse al electorado femenino. “Trabajaré para que nadie diga que vos, mujer, no puedes hacer algo”.

    El socialdemócrata Geraldo Alckmin, en el cuarto lugar de las intenciones de voto, apuntó contra el hombre con quién compite en esta etapa: Bolsonaro. Así, la clave de su propaganda pasa por demostrar que el aspirante de extrema derecha no es más que un extremista desvariado. “Las balas no resuelven nada” advirtió en tono admonitorio, al hablar de un tema clave en estas elecciones: la inseguridad generalizada.

    A Bolsonaro, la expresión más acabada de la ultraderecha brasileña, los segundos que tiene de propaganda le sirvieron apenas para pedir que voten en él. Claro que este diputado federal, que encabeza la fórmula del Partido Social Liberal junto al general Hamilton Mourao, cuenta con una estructura muy desarrollada en las redes: Facebook, Twitter y WhatsApp, de eficiencia todavía no comprobada en Brasil.

    Lula da Silva cumple una condena de 12 años y un mes de prisión por corrupción y lavado de dinero. (EFE)
    Lula da Silva cumple una condena de 12 años y un mes de prisión por corrupción y lavado de dinero. (EFE)

    Con Lula fuera del escenario, y por añadidura recluido en un cuarto de la sede de la Policía Federal en Curitiba, el PT deberá ahora decidir sus próximos pasos.

    En principio, ya anunció que irá a apelar la medida del TSE en la Corte Suprema. Pero tiene tan sólo 10 días para entronizar en la cabeza de la nueva fórmula al actual candidato a vicepresidente Fernando Haddad. Será acompañado por la joven diputada estadual Manuela D´Avila. Lo que hoy se interrogan analistas, y también dirigentes del propio PT, es si el ex ministro de Educación, salido de los foros de la Universidad de San Pablo (USP), conseguirá o no llegar a la segunda vuelta.

    Quiénes vivieron procesos electivos anteriores, afirman que Lula tendrá la posibilidad de transferirle una cantidad suficiente de sus votos. La posibilidad de identificar Lula con Haddad en la publicidad de los próximos días está dada por el propio Tribunal Superior Electoral que aceptó la inclusión de la figura del ex mandatario.

    Ocurre que también se hacen otras preguntas: si Haddad, visto con buenos ojos por los privados y financistas con quienes se reunió, podrá ejercer un período presidencial completo. De acuerdo con la revista Carta Capital, publicada este sábado, uno de los popes del PT Gilberto Carvalho (que fue ministro de Lula) opina que a Haddad le sobran luces universitarias pero le falta cintura para la “real politik”. De hecho, sus cuatro años al frente de la intendencia de la capital paulista dejaron apenas un recuerdo tibio en la población.

    Los especialistas en encuestas dicen que Lula y Bolsonaro son los únicos candidatos con votantes extremadamente fieles. De allí que calculen que el ex mandatario logrará traspasar a Haddad 34% de sus partidarios. Si fuera así es casi seguro que este intelectual consiga entrar en la segunda vuelta.

    Le dan menos chances a Marina Silva, de Red Sustentable, quien sin embargo es vista por muchos como una de las herederas de los votantes de Lula. Pero ¿quién será la estrella de la segunda vuelta? Los directores de Ibope, Datafolha y otros, apuestan a que Bolsonaro estará allí como uno de los contendientes. Casi descartan al socialdemócrata Alckmin, aun cuando el ex gobernador navega con viento a favor, gracias a sus 5 minutos y 32 segundos de inserción publicitaria en la TV.

    Esta “suerte” de ahora puede resultar en “amargura” para el futuro. Los dirigentes de los ocho partidos de centro, que le dieron ese tiempo plus de propaganda, son los parlamentarios acusados de corrupción en el caso Lava Jato. Para saber cómo se dirimirá la pelea por el comando del Palacio del Planalto faltan, todavía, 37 días para especular. El 7 de octubre se tendrá la verdadera dimensión de hasta dónde llegaría Bolsonaro, a quien se ve como el nuevo fenómeno político de la ultra derecha en la región.

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