La pandemia golpea el temprano plan de reelección de Bolsonaro

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Las encuestas muestran un importante descenso en su popularidad. Para 56% de los brasileños, el presidente carece de capacidad para liderar al país en el contexto del Covid. Temen un empeoramiento de la ya crítica situación sanitaria.

“¡No damos más!. No podemos tener un joven de 22 años que se muere en 46 horas, por no conseguir en la ciudad de San Pablo un lecho en la terapia intensiva”. Desesperado, el alcalde de la capital paulista Bruno Covas confesaba así su impotencia y la de su equipo de salud, en una conferencia de prensa. Acababa de enterarse del fallecimiento de Renan Cardoso, un muchacho de 22 años que ingresó en la guardia de emergencias del hospital paulistano Sao Matheus, el jueves de la semana anterior, y murió dos días después por insuficiencia respiratoria aguda. Los médicos no encontraron un lugar para internarlo en la UTI.

El propio presidente Jair Bolsonaro sintió, ayer al mediodía, el impacto letal del Covid-19. Lo sacudió la noticia de la muerte del senador Mayor Olimpio, un ex aliado y amigo que en las elecciones de 2018 le aportó millares de votos. “Perdió la vida por muerte cerebral” le informaron miembros del gabinete; y la causa fue el coronavirus. El parlamentario de 59 años, a quién habían hospitalizado a principios de mes, no resistió el embate del Sars-CoV-2.

Nuevas cifras de contagio y decesos amargaron todavía más la jornada del Jefe de Estado. Las estadísticas diarias indicaron 87.169 nuevos contagios, lo que hizo trepar el número total de infectados a 11,8 millones de personas. Y las últimas 24 horas sumaron 2.659 óbitos, de modo que Brasil totaliza hasta ahora 288.000 fallecimientos desde el comienzo de la pandemia. Esto condujo al país a ocupar segundo lugar en el ranking mundial del total de decesos, apenas superado por Estados Unidos. Hubo un índice todavía peor: en cantidad de muertes semanales, Brasil llegó a podio dejando atrás no solo a EE.UU., sino también a Italia, Alemania y Reino Unido.

Hasta ayer por la mañana el presidente dudaba que esas cifras de letalidad fueran reales: “¿Será que son todas muertes por Covid?” indagó a sus partidarios que, como todas las mañanas lo aguardaban en los portones del Palacio da Alvorada, la residencia oficial. Horas después, lo ocurrido con el senador Olimpio le mostraría que la realidad golpea también en las puertas del centro del poder: Brasilia. La difusión nacional de esta muerte significó un revés en su temprana campaña por la reelección en 2022. Bolsonaro había planeado salir del Palacio del Planalto y cruzar hasta el Congreso Nacional para informar desde allí una noticia esperada por los sectores sociales más vulnerables: el anuncio frente a las cámaras de TV de la restitución de la ayuda de emergencia que beneficiará a 46 millones de brasileños, a partir del próximo mes. Ese subsidio, que ahora varía de 24 a 40 dólares, tuvo una eficacia notable entre abril y diciembre del año pasado, cuando 68 millones de brasileños recibieron un estipendio de 115 dólares.

No sin razón, el presidente pensó que sería de mucha ayuda mostrarse de nuevo junto a los legisladores. Le permitiría recuperar parte de su imagen, deteriorada desde mediados de enero. Una encuesta de Datafolha, publicada el jueves, reveló un importante descenso de la popularidad presidencial: para 56% de los encuestados, Bolsonaro carece de capacidad para liderar al país en esta crisis sanitaria. A comienzos de enero, ese rechazo era de 50%. De acuerdo con la pesquisa, para la mayoría de los ciudadanos hay una inercia oficial frente a la emergencia: 79% de los brasileños juzgan que la pandemia está fuera de control. Confiesan que el miedo los acosa: 55% se declaró en pánico; otro 27% reveló temores, pero más moderados.

Sobran razones para tamaño desasosiego. El Frente Nacional de Intendentes, que reúne a los 5.568 municipios brasileños, envió cartas al presidente Bolsonaro y al Ministerio de Salud, en las que denuncian la “falta de oxígeno y medicamentos necesarios para sedar a los pacientes que son entubados”. Temen un empeoramiento de la ya crítica situación sanitaria. 

Reinaldo Scheibe, presidente de la Asociación Brasileña de Planes de Salud (prepagas), informó que se reunirán con la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (ANVISA) para discutir medidas indispensables para paliar la escasez de insumos esenciales. Según los alcaldes, “el aumento del número de contaminados con el virus y de la demanda por atención hospitalaria va rumbo en los próximos días a un escenario todavía más trágico que el actual, por la falta de remedios y la dificultad para oxigenar a los enfermos que son entubados”.

“¡No damos más!. No podemos tener un joven de 22 años que se muere en 46 horas, por no conseguir en la ciudad de San Pablo un lecho en la terapia intensiva”. Desesperado, el alcalde de la capital paulista Bruno Covas confesaba así su impotencia y la de su equipo de salud, en una conferencia de prensa. Acababa de enterarse del fallecimiento de Renan Cardoso, un muchacho de 22 años que ingresó en la guardia de emergencias del hospital paulistano Sao Matheus, el jueves de la semana anterior, y murió dos días después por insuficiencia respiratoria aguda. Los médicos no encontraron un lugar para internarlo en la UTI.

El propio presidente Jair Bolsonaro sintió, ayer al mediodía, el impacto letal del Covid-19. Lo sacudió la noticia de la muerte del senador Mayor Olimpio, un ex aliado y amigo que en las elecciones de 2018 le aportó millares de votos. “Perdió la vida por muerte cerebral” le informaron miembros del gabinete; y la causa fue el coronavirus. El parlamentario de 59 años, a quién habían hospitalizado a principios de mes, no resistió el embate del Sars-CoV-2.

Nuevas cifras de contagio y decesos amargaron todavía más la jornada del Jefe de Estado. Las estadísticas diarias indicaron 87.169 nuevos contagios, lo que hizo trepar el número total de infectados a 11,8 millones de personas. Y las últimas 24 horas sumaron 2.659 óbitos, de modo que Brasil totaliza hasta ahora 288.000 fallecimientos desde el comienzo de la pandemia. Esto condujo al país a ocupar segundo lugar en el ranking mundial del total de decesos, apenas superado por Estados Unidos. Hubo un índice todavía peor: en cantidad de muertes semanales, Brasil llegó a podio dejando atrás no solo a EE.UU., sino también a Italia, Alemania y Reino Unido.

Hasta ayer por la mañana el presidente dudaba que esas cifras de letalidad fueran reales: “¿Será que son todas muertes por Covid?” indagó a sus partidarios que, como todas las mañanas lo aguardaban en los portones del Palacio da Alvorada, la residencia oficial. Horas después, lo ocurrido con el senador Olimpio le mostraría que la realidad golpea también en las puertas del centro del poder: Brasilia. La difusión nacional de esta muerte significó un revés en su temprana campaña por la reelección en 2022. Bolsonaro había planeado salir del Palacio del Planalto y cruzar hasta el Congreso Nacional para informar desde allí una noticia esperada por los sectores sociales más vulnerables: el anuncio frente a las cámaras de TV de la restitución de la ayuda de emergencia que beneficiará a 46 millones de brasileños, a partir del próximo mes. Ese subsidio, que ahora varía de 24 a 40 dólares, tuvo una eficacia notable entre abril y diciembre del año pasado, cuando 68 millones de brasileños recibieron un estipendio de 115 dólares.

No sin razón, el presidente pensó que sería de mucha ayuda mostrarse de nuevo junto a los legisladores. Le permitiría recuperar parte de su imagen, deteriorada desde mediados de enero. Una encuesta de Datafolha, publicada el jueves, reveló un importante descenso de la popularidad presidencial: para 56% de los encuestados, Bolsonaro carece de capacidad para liderar al país en esta crisis sanitaria. A comienzos de enero, ese rechazo era de 50%. De acuerdo con la pesquisa, para la mayoría de los ciudadanos hay una inercia oficial frente a la emergencia: 79% de los brasileños juzgan que la pandemia está fuera de control. Confiesan que el miedo los acosa: 55% se declaró en pánico; otro 27% reveló temores, pero más moderados.

Sobran razones para tamaño desasosiego. El Frente Nacional de Intendentes, que reúne a los 5.568 municipios brasileños, envió cartas al presidente Bolsonaro y al Ministerio de Salud, en las que denuncian la “falta de oxígeno y medicamentos necesarios para sedar a los pacientes que son entubados”. Temen un empeoramiento de la ya crítica situación sanitaria. 

Reinaldo Scheibe, presidente de la Asociación Brasileña de Planes de Salud (prepagas), informó que se reunirán con la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (ANVISA) para discutir medidas indispensables para paliar la escasez de insumos esenciales. Según los alcaldes, “el aumento del número de contaminados con el virus y de la demanda por atención hospitalaria va rumbo en los próximos días a un escenario todavía más trágico que el actual, por la falta de remedios y la dificultad para oxigenar a los enfermos que son entubados”.

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