La pandemia mata a una persona por minuto en Brasil

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Cada día que pasa, Brasil alcanza un nuevo record dramático: Covid-19 se apropió ayer de la vida de 2.798 personas en tan solo 24 horas, cifra que representa la muerte de un ciudadano brasileño por minuto. La curva de decesos se acelera a un ritmo sin precedentes y en menos de una semana podría llegar a 3.000 fallecidos diariamente. El gobierno de Jair Bolsonaro tenía esperanzas de que ese fatídico número demorara en llegar, que en sus cálculos recién se alcanzaría a mediados de abril. Se apostó, entonces, a que eso daría tiempo suficiente para controlar el coronavirus mediante un avance en el programa de inmunización.

Lo cierto es que la aplicación de vacunas está ralentizada. Y las defunciones de este martes resultan tan elevadas que colocan al país en el tope de la lista de las naciones más arrasadas por el Covid. Hoy, cuando la agonía golpea en las puertas del propio Palacio del Planalto, con la primera víctima fatal registrada entre el personal de la casa de gobierno, Bolsonaro entregará el comando del ministerio de Salud al presidente de la Sociedad Brasileña de Cardiología, el médico Marcelo Queiroga. Por la puerta de atrás saldrá el general Eduardo Pazuello, un militar que dirigió durante 10 meses esa cartera clave, y que fue objeto de serios cuestionamientos durante su conducción.

Queiroga es el cuarto ministro nombrado por el jefe de Estado desde que se inició la pandemia. Brasil tuvo unos meses de calma entre septiembre y diciembre de 2020, y no pocos creyeron que el virus sería derrotado, entre ellos, el propio presidente. Por entonces, no se preveía el surgimiento de nuevas cepas como la británica, la sudafricana y la de Manaos. Pero a fines de enero esta última variante diezmó la capital de Amazonas, cuando esa ciudad quedó sin tubos de oxígeno para atender pacientes graves. Recién en ese momento se percibió que las mutaciones del virus eran más contagiosas y letales.

Un informe de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), una de las instituciones científicas brasileñas que producen vacunas contra el Covid, acaba de definir el escenario como “el mayor colapso sanitario de todos los tiempos”. Ese instituto de investigación reveló que en 25 capitales brasileñas (sobre un total de 27), el sistema hospitalario está literalmente rebasado, con una ocupación de más de 90% de los lechos de las Unidades de Terapia Intensiva (UTI). 

“Sabemos las razones de la tragedia: es el negacionismo, el ritmo de vacunación lento y la circulación de nuevos linajes” describió el epidemiólogo Paulo Petry, de la Universidad Federal de Río Grande del Sur. “Vemos a los pacientes que hacen fila en listas de espera, y cómo empeoran sus cuadros a medida que pasan los días”. Para los científicos del instituto Fiocruz «es preciso adoptar medidas drásticas de prevención y control, con mayor rigor en las restricciones a las actividades que no sean esenciales”.

En su primer contacto con la prensa, como futuro ministro, el cardiólogo Queiroga pidió a la población que “use los tapabocas, el alcohol en gel y que lave las manos. Ustedes ya saben sobre esto, pero lo repito porque son medidas simples pero muy importantes. Con ellas se puede evitar la caída de la actividad económica”. A diferencia de Bolsonaro, el funcionario sostuvo que “el periodismo es un gran aliado de las autoridades sanitarias de Brasil. Es por ustedes (los periodistas) y por sus críticas que vamos a mejorar nuestro desempeño”.

Su designación, sin embargo, despertó suspicacias inclusive entre los partidos de centro aliados al jefe de Estado. Ellos habían propuesto a la médica Ludhmila Hajjar; pero esa iniciativa no prosperó, porque la profesional expresó su desacuerdo con las concepciones presidenciales sobre como combatir la pandemia.

Queiroga también se había manifestado contrario al uso de la hidroxicloroquina, por entender que ese medicamento, usado para la malaria, es totalmente inútil frente al coronavirus. Inclusive, el domingo último, en declaraciones al diario Folha de Sao Paulo, cuando su nombre aún no figuraba en la lista de postulantes, llegó a sostener: “La propia Sociedad Brasileña de Cardiología, no recomendó el uso en los pacientes de Covid. Y, en mi caso, tampoco soy favorable porque no hay consenso en la comunidad científica sobre su eficacia”.

Sin embargo ayer, en una entrevista con el canal CNN Brasil, el nuevo ministro afirmó que si bien no se puede decir que hay tratamientos contra el Covid “los médicos tienen autonomía para prescribir los remedios” que consideren necesarios; entre ellos, claro está, la hidroxicloroquina o el antiparasitario ivermectina. Son estas indefiniciones del funcionario las que produjeron dudas en el mundo político, tanto en el opositor como en el propio. Muchos temen que se trate de un gatopardismo presidencial: “Cambiar de ministro para que todo siga igual” al decir de la prensa brasileña.

Para el ex presidente Fernando Henrique Cardoso hay insensibilidad gubernamental: “Las personas están muriendo y es grande la falta de sentimientos demostrada por el presidente. El siempre minimiza: no es nada, es una gripecita. Pero mucha gente está perdiendo la vida”.

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