Es el séptimo aumento seguido, según los datos oficiales. Y los expertos creen que la situación empeorará.

El desempleo volvió a crecer en Brasil y ya alcanza 8,6%. Así lo informó el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE), al presentar datos referentes al segundo trimestre del año. De acuerdo con los técnicos de la institución, es la séptima suba seguida. Las consultoras ya habían estimado que se llegaría a ese nivel de desocupación. Más aún, piensan que lo que viene será peor, por el endurecimiento de la política monetaria, la caída del consumo y la falta de crédito.

Quien lo señaló fue el economista Alberto Ramos, de la filial brasileña de Goldman Sachs. Dijo, también que “hay un lado positivo” y es que “la debilidad laboral empujará al descenso la inflación en el área de servicios”. Una lógica incuestionable. El técnico del IBGE Cimar Azeredo comentó a la prensa que el nivel de desempleo debería haber comenzado a transitar la parte descendente de la curva. Lo habitual es que a partir del tercer trimestre: julioseptiembre, haya una contratación de personal para hacer frente a las demandas que se avecinan con las fiestas de fin de año. “Pero esta vez no observamos que se cumpla ese ciclo. El desempleo sigue en alta”.
También se han perdido empleos en blanco. En lo que va del año un millón de trabajadores pasó a la desocupación o la informalidad, sin ningún derecho laboral y en un mercado que no contrata. Hay 883.000 personas que pasaron a actuar como cuentapropistas y esto induce al entorno familiar a procurar puestos de trabajo para compensar cualquier falla. Para Azeredo, “al aumentar la desocupación de puestos en blanco hay una búsqueda para preservar la estabilidad familiar y los parientes se vuelcan también al mercado laboral. Esto presiona todavía más”.Este empeoramiento de las condiciones del trabajador o no impidió que el ministro de Hacienda, Joaquim Levy, insistiera ayer en colocar la culpa de todos los males en el déficit fiscal. En una conferencia ante empresarios brasileños, pronosticó que las tasas de interés que se cuentan entre las más altas del mundo “no irán a bajar si antes no se llega a lograr el superávit fiscal programado”. Más aún, sostuvo que tampoco debe bajar la inflación. “Como he dicho otras veces, la estrategia es 1,2 y 3. Primero, debe arreglar lo fiscal, que es la mayor fuente de incertidumbre para todo el mundo, porque las personas no saben cómo serán los impuestos en dos años. Entonces, hay que cortar los gastos, pero mirando con realismo y sabiendo que los cambios deben ser profundos y no apenas espuma”. El segundo y tercer puntos, que vienen lógicamente bastante después del primerísimo: el ajuste, es el crecimiento saludable del crédito (a los privados) y la promoción de reformas estructurales.

Levy, que cuenta con el respaldo convencido de la presidenta Dilma Rousseff –según se deduce del discurso pronunciado por la jefa de Estado en Naciones Unidas–, destacó que Brasil está empeñado en un esfuerzo fiscal “enorme” para el corto plazo: el gobierno de Rousseff ya “ahorró” 20.000 millones de dólares en lo que va del año, a costa especialmente de los presupuestos de salud, educación y de los salarios de los empleados públicos. Esto significa haber recortado en ese monto multimillonario sobre un presupuesto general que ya venía con tijeretazos. “Estamos poniendo la casa en orden, pagando cosas del pasado” se jactó Levy.

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