Pese a la intervención militar, la violencia no tiene fin en Río de Janeiro: asesinan a 13 personas por día
Pese a la intervención militar, la violencia no tiene fin en Río de Janeiro: asesinan a 13 personas por día

Fueron 408 asesinatos en julio. El número de tiroteos registrado entre febrero y agosto de este año, 27 por día, es un 60% más que en 2017.

La violencia tomó cuenta de Brasil y sobrevuela fuerte sobre las campañas electorales. Para una parte significativa de la población urge una respuesta al drama cotidiano de robos, tiroteos y asesinatos. 40% de los ciudadanos encuestados colocó la seguridad como un asunto de máxima prioridad. Y no podría ser de otro modo con la espantosa cifra de 63.880 homicidios ocurridos en 2017, un récord desde 2006. El escenario es emblemático en Río de Janeiro: los datos de julio computaron la muerte violenta de 408 cariocas; esto representa la pérdida de sus vidas de 13,2 personas por día; es decir, de una víctima cada hora y media.

En febrero de este año, el gobierno de Michel Temer envió a las Fuerzas Armadas para tomar cuenta de las favelas, por entender que allí encontraría el foco de la mayor parte de los delitos cometidos contra la vida. El plan, sin embargo, no dio los resultados esperados. Entre el 16 de febrero y el 16 de agosto último –período que totalizó la mitad del año con sus 181 días- se registraron en la “Ciudad Maravillosa” nada menos que 4.895 tiroteos, que implicó un aumento de 60% respecto a igual lapso del año anterior. Es una cifra alucinante que enfrenta a los cariocas con 27 conflictos armados por día, a lo largo y ancho de la capital fluminense. En total enfrentaron 213 horas y 50 minutos de disparos.

En los dos debates que protagonizaron, hasta ahora, los candidatos presidenciales -cuando apenas faltan 49 días para los comicios de octubre próximo-, no hubo propuestas sólidas sobre cómo controlar el efecto mortífero de la violencia en la sociedad brasileña. El intercambio entre los postulantes no pasó de referencias anecdóticas. Ese fue el tono de la disputa verbal protagonizada por el diputado derechista Jair Bolsonaro y la ex ministra Marina Silva, el viernes último.

Marina interpeló a Bolsonaro por sus polémicas iniciativas: “Usted tomó la manito de un niño pequeño y le mostró como se hace para disparar. ¿Es esa la enseñanza que quiere dar? Usted es de los que creen que todo se resuelve con un grito, o con violencia”. La postulante, única representante femenina, fue aplaudida por el auditorio. El parlamentario no tuvo capacidad para formular una iniciativa. Se limitó a mencionar un pasaje de la Biblia: “Lea el libro de (San) Pablo”. Un día después, ante los interrogantes de la prensa sobre el significado de sus palabras, Bolsonaro abundó: “Pablo habla a sus seguidores que vendan las capas y compren espadas”. Según Folha de Sao Paulo la cita corresponde al Evangelio de Lucas, donde Jesús afirma ante sus discípulos al final de la Última Cena: «Ahora, aquellos que tengan alforjas tomen el dinero; y los que no tengan dinero vendan sus capas para comprar espadas». Este sábado, ante una formación de cadetes (los llamados Agujas Negras), Bolsonaro amplió sus pretensiones en caso de llegar a la presidencia: “En los tempos de la Biblia no había armas de fuego. De existir, con toda seguridad habrían comprado una ametralladora calibre 50 y fusiles”.

En una encuesta realizada a comienzos del año, la consultora Ibope preguntó a cada entrevistado si él, o alguien de su familia, había sido víctima de robos o agresión en el año anterior. La mitad de los consultados en las regiones del Norte y del Centro-oeste de Brasil replicó que sí. En el Nordeste, la repuesta afirmativa fue de 44% y en el Sur bajó a 31%. En este contexto, los presidenciables deberían tener argumentos programáticos más consistentes que los revelados hasta ahora.

Es cierto que las respuestas distan de ser sencillas. El gobierno de Temer inauguró el empleo de las fuerzas militares para resolver el caso de la extrema violencia en las 830 favelas de Río de Janeiro. Al operativo se le llamó “intervención militar en la seguridad” carioca. Seis meses después quedó demostrado que la iniciativa no había logrado sus objetivos: “Poner fin al grave condicionamiento del orden público en el estado fluminense”. Para el ministro de Seguridad Pública Raul Jungmann, uno de los que idearon la “intervención militar”, la falta de resultados no implica un fracaso. “Cuando hay 830 comunidades (favelas) en Río bajo el control del delito organizado, se tienen 1,7 millones de personas que viven en áreas de influencia de esas mafias. Ellos controlan el territorio y controlan el voto; eligen sus representantes y participan de la distribución de cargos en el gobierno federal”.

De acuerdo con una investigación publicada por el diario O Globo, aumentó 10 veces la compra de armas por los ciudadanos comunes desde 2004 a la fecha. Un informe de 2015 reveló que ese año fueron adquiridas 36.807 armas de fuego. Pese a esto, los resultados están a la vista y son incontestables: Río está más violenta que el año pasado. A pesar de la elocuencia de las cifras tanto Bolsonaro como su competidor Geraldo Alckmin sugieren que la población deberá armarse más para protegerse. Según el socialdemócrata, ex gobernador de San Pablo, podrá ser liberada la tenencia de armas en el medio rural.

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