San Pablo: incertidumbre y cuidados por la vuelta a clases

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Por Eleonora Gosman – San Pablo

Si bien se autorizó la apertura de las escuelas en las 645 ciudades del estado, la decisión final quedó en manos de autoridades municipales.

Miedo, ansiedad y vacilaciones, son los sentimientos que comparten los padres de los alumnos paulistas al confrontar la vuelta a clases de sus hijos. El gobierno de San Pablo autorizó el último miércoles 6 la apertura de las escuelas en las 645 ciudades del estado, pero dejó en manos de las autoridades municipales la decisión de efectivizar las aulas presenciales. El gobernador Joao Doria determinó la medida en base a un descenso, en todo el territorio, de los casos de infección con el coronavirus; también del número de fallecimientos.

El estado paulista tiene 46.280.000 de habitantes, la misma cantidad que Argentina; solo que se concentran en un área (250 mil kilómetros cuadrados) menor, inclusive, a la superficie de la provincia de Buenos Aires. Hace un mes, las 645 ciudades del territorio de San Pablo entraron en la fase de flexibilización con apertura de negocios, shoppings, restaurantes y cafés, que aun funcionan en horarios limitados, y esta semana se inició el proceso del reintegro de estudiantes y profesores al sistema educativo.

Miedo, ansiedad y vacilaciones. Son los sentimientos que comparten los padres de los alumnos paulistas al confrontar la vuelta a clases de sus hijos

Sin embargo, a principio de septiembre había un fuerte rechazo de docentes y padres a la reapertura de escuelas primarias, secundarias, institutos de enseñanza superior y universidades. De acuerdo con la investigación, publicada el mes pasado, 81% de los paulistanos juzgaba “inadecuada” la reanudación de las actividades escolares.  Y 82% manifestaba, en forma explícita, el temor a un aumento de los contagios.

Las respuestas de los encuestados sobre los motivos de la resistencia apuntaron en dos direcciones:  por un lado, el alto riesgo para la salud de los estudiantes, de los profesores y otros profesionales del sector; por el otro se planteaba la dificultad de los niños de mantener la distancia social exigida para evitar el COVID-19. Esta semana esa negativa perdió terreno: un estudio de la consultora XP mostró que había disminuido la desconfianza de los paulistas a 49%; ese segmento piensa aún que las clases con presencia física solo deben volver cuando haya una vacuna. En este segmento de brasileños suspicaces, perdura un resquemor: ocurre que 22% de los ancianos paulistas, en torno a 340 mil, vive con hijos y nietos, que los colocan en contacto con niños y adolescentes en edad escolar. Según los especialistas, “la mayoría de las veces los de mayor edad terminan contaminados por los pequeños. Por lo cual, en tanto no haya medidas eficaces de control real de la pandemia, peligra la vida de los más vulnerables”.

El secretario de Educación paulista, Rosielli Soares, en conferencia de prensa en el Palacio de Bandeirantes (la casa de gobierno) se esmeró en disminuir los recelos de la población. Ese día, comenzó la reincorporación “gradual” de los chicos al sistema pedagógico. Y a este periodista le respondió: “Hemos trabajado codo a codo con la Secretaría de Salud para que la vuelta a las aulas sea segura y no aumente la propagación del virus. Nuestra prioridad sigue siendo la de salvar vidas”. Juzgó, empero, que “eso no debe ser un obstáculo para reanudar las actividades”. El secretario precisó que los protocolos se hicieron “en base a la mejor experiencia internacional. Vimos por ejemplo que, en Europa, ante un rebrote de la pandemia se cierran restaurantes, cafés, bares. Pero las escuelas siguen abiertas”.

Foto: Wilian Oliveira / Futura Press

Hasta ahora, solo 15% de los colegios privados (11 mil en total) abrieron sus puertas; lo que representa apenas 8% del universo de alumnos paulistas de esa red. En general, tanto el sistema de enseñanza estadual como municipal, la cantidad de alumnos no puede superar 20% del total de cada establecimiento” explicó el secretario de Educación Soares. “Hemos oído a la comunidad, a los padres y a los profesores. Y queremos garantizar el cumplimiento de los protocolos”.

La ciudad de San Pablo (de 12 millones de personas) decidió actuar según los criterios del intendente Bruno Covas, que delegó la decisión final en las direcciones de cada colegio municipal. En esa misma conferencia de prensa, Doria subrayó que las medidas quedaban manos de las alcaldías. “Las ciudades tienen autonomía y nosotros las respetamos con relación a la fiscalización sanitaria”. Un debate está en cierne: “Las escuelas de la red particular poseen más agilidad y flexibilidad que las municipales y estatales para sustituir el cuerpo docente si algún profesor se enferma. También tienen mejores condiciones para adquirir el material que combate la diseminación del coronavirus” resaltó la intendencia del municipio de Cotia. La directora del Centro de Innovación de Políticas Educaciones de la Fundación Getulio Vargas, se preocupó: “Que las escuelas municipales no reabran y las privadas sí, contribuirá a aumentar la desigualdad educacional, que ya era muy grande antes de la pandemia”. Sostuvo que Brasil figura entre los países que están más tiempo lejos de las escuelas y recordó que países como España “que enfrentan una segunda ola de contagios, decidieron incluir la educación como un servicio esencial que obliga a mantener a los colegios abiertos”.

Que las escuelas municipales no reabran y las privadas sí, contribuirá a aumentar la desigualdad educacional

Esa es también la preocupación del secretario Soares: “En las instituciones educativas públicas tuvimos un avance importante con relación a las privadas. Disminuyó el gap entre unas y otras. Pero la pandemia puso de relieve nuevamente las desigualdades. Por eso, para nosotros es fundamental que vuelva a las aulas presenciales los alumnos de sectores más vulnerables”.

Los protocolos de los estados brasileños, que son 27 en total, son elaborados y ejecutados por sus gobiernos. Hay un protocolo de retorno a clases explicitado por el gobierno federal, pero no tiene incidencia práctica.

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