Tras la campaña de Bolsonaro, marchan contra la cuarentena en San Pablo y otras capitales

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Bolsonaro encabezó este viernes una conferencia de prensa en el Palacio do Planalto.
Bolsonaro encabezó este viernes una conferencia de prensa en el Palacio do Planalto.

San Pablo y otras ciudades de Brasil, fueron el escenario de movilizaciones contra la cuarentena, luego que el Presidente avalara una fallida campaña publicitaria con el slogan «Brasil no puede parar».

Por Eleonora Gosman (San Pablo)

Este sábado la mítica avenida paulista de San Pablo y otras arterias claves de capitales brasileñas se vieron desbordadas por movilizaciones contra la cuarentena, dictada por los gobernadores de esos estados. Imposible no vincular esa reacción a la permanente agitación que Bolsonaro realiza contra las medidas de confinamiento. Una línea de acción que por momentos lo pone contra su propio Gobierno.

La tensión entre un Bolsonaro acorralado y bajo amenaza de impeachment y buena parte de su gabinete ya es indisimulable. Este viernes el Palacio del Planalto inició una campaña publicitaria, que costó cerca de 800.000 dólares. En consonancia con las creencias de Bolsonaro, el primer filme propagandístico se tituló: «Brasil no puede parar». El objetivo: convocar a la población a volver al trabajo y dejar sólo a ancianos, enfermos y desvalidos, sujetos a una cuarentena. En cuanto esa publicidad veía la luz, por la noche del viernes, la jueza federal de Río de Janeiro Laura Bastos Carvalho, resolvió prohibirla.

Los spots afirmaban que «son raras las víctimas fatales entre jóvenes y adultos». Y sentenciaba: «La casi totalidad de las muertes ocurrieron en ancianos». Proponía en consecuencia el «aislamiento de las personas» con más de 60 años, y para todos los demás, convocaba a «volver a la normalidad. Brasil no puede parar».

Los spots de la campaña «Brasil n o puede parar» que avaló Bolsonaro, afirmaban que «son raras las víctimas fatales entre jóvenes y adultos». Y sentenciaba: «La casi totalidad de las muertes ocurrieron en ancianos». 

Por la mañana del sábado, un comunicado oficial, salido del Planalto, negó la existencia de esa campaña. La Secretaría de Comunicación adjudicó la responsabilidad a los medios periodísticos: «Definitivamente, esa campaña no existe. Se trata de una mentira, una fake news, que fue divulgada por algunos vehículos de comunicación».

Lo notable del caso es que previo a ese comunicado, hubo una reunión de emergencia entre Bolsonaro y algunos de sus ministros. Estuvieron en la cita el titular de Justicia Sergio Moro; el de Salud, Luiz Henrique Mandetta; el de Defensa, Fernando Azevedo y el de Desarrollo Regional, Rogerio Marinho. Y junto a él se sentaron los más próximos, el general Walter Braga Netto, ministro coordinador; el general Luiz Eduardo Ramos, de la Secretaría de la Presidencia; y Jorge Olivera de la Secretaría General.

Según informaron a la prensa, el tema en discusión fue el relajamiento de las restricciones impuestas en los estados provinciales por sus propios gobernadores. El presidente brasileño insistió con su pretensión de abrir el comercio en todo el país. Y permitir la realización de cultos en las distintas iglesias.

Inclusive, desde el viernes varias caravanas de motos y autos se han desplazado por avenidas centrales en las capitales de los estados brasileños para defender el funcionamiento normal de bares y restaurantes, con el argumento que un cierre de los establecimientos llevaría al país a la paralización económica y al desempleo.

Todo esto es motorizado desde el gobierno central. La Justicia federal emitió una sentencia en carácter de urgencia para impedir que el gobierno federal llame a estas movilizaciones, al considerar que pone en riesgo la salud de la población y puede llevar el sistema hospitalario a un colapso. Con todo, Bolsonaro elogió esas manifestaciones: las consideró «cosas fantásticas». Para los gobernadores de los estados es, sin embargo, «un tipo de iniciativa que representa un verdadero atentado a la vida», según una carta que acaban de difundir.

¿Algunos van a morir? Sí, van a morir. Y lo lamento. Eso es la vida, eso es la realidad.

Presidente Jair Bolsonaro

«¿Algunos van a morir? Sí, van a morir. Y lo lamento. Eso es la vida, eso es la realidad», declaró el presidente de Brasil. Del otro lado, se yergue un país con 54 millones de personas en situación de pobreza; y 13,5 millones en miseria extrema. Los datos, del Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE), corresponden a 2018. De esa encuesta oficial surgió también la cantidad de habitantes que carecen de los servicios básicos. 31 millones de brasileños (16%) viven sin acceso a agua potable. Y 74 millones carecen de cloacas (37% de la población).

Esos son los verdaderos desafíos para contener la propagación exponencial del nuevo Coronavirus. Ya se comprobaron casos de Covid-19 en cuatro favelas de Río de Janeiro: Ciudad de Dios, Manguinhos, Vidigal y Parada de Lucas. Pero esto es una etapa inicial; es en esas comunidades donde viven los sectores más carenciados y, allí, hay pocas probabilidades de lograr una cuarentena «perfecta».

Todavía más complicado sería el escenario del Amazonas. Se sabe ya que dieron positivo dos habitantes de la etnia Tikuna, a 250 kilómetros de la ciudad de Tabatinga, limítrofe con la colombiana Leticia. Ambos estuvieron de viaje en un barco que navegaba por el río Amazonas.

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