Aclamación. Jair Bolsonaro (al centro de la imagen), ayer, en Río de Janeiro, luego de ser proclamado candidato a presidente por el Partido Social Liberal en su convención nacional. (DPA)

Es el diputado y ex militar Jair Bolsonaro. Va segundo en los sondeos con el 17% de intención de voto y se considera un elegido. Sólo lo supera Lula, que está preso.

No se mostraron globos coloridos ni serpentinas. Pero sí hubo imágenes de un niño pequeño, de 3 años, que simulaba apuntar con un arma usando sus dedos índice y pulgar. La escena ya es un clásico de la campaña del diputado y ex capitán Jair Bolsonaro, que ayer domingo fue formalizado como candidato a presidente por el Partido Social Liberal.

Hasta ahora, este líder de la ultraderecha brasileña logró acumular un 17% de las preferencias del electorado, a distancia significativa de los que vienen atrás. Y sólo es superado por el expresidente Lula da Silva, con un 30% de intención de voto, preso en Curitiba.

Frente a entusiastas seguidores, varios militares, jóvenes y mujeres que vestían camisetas con la imagen del presidenciable, el excapitán negó ser el “mesías”, aunque su madre lo bautizó también con ese nombre. “No soy el salvador de la Patria. Somos todos quienes vamos a salvarla”, proclamó. Pero sí se consideró el “elegido”: “Dios no llama a los capacitados. Capacita a los escogidos”.

El candidato busca galvanizar los ánimos de los brasileños, más allá de sus propios fieles. Cuenta, en principio, con un apoyo notable en el 20% más rico y más educado de Brasil (son aproximadamente 12,5 millones de ciudadanos, es decir un décimo del electorado total). Ahora le falta conquistar el alma de las clases económicamente menos favorecidas, que sufren por una recesión económica que abrumó al país en los últimos tres años.

En el estrado montado en el centro de convenciones carioca Sudamérica, el flamante competidor ubicó a su lado al general Augusto Heleno, el oficial que comandó las fuerzas de paz en Haití.

Lo acompañó también el economista Paulo Guedes, un Ph.D por la Universidad de Chicago que lo asesora. Completó el círculo áulico con la abogada Janaina Paschoal, la que organizó desde el punto de vista legal el impeachment contra la expresidenta Dilma Rousseff. Bolsonaro le ofreció la vicepresidencia, según afirmaron en su entorno. Pero la legista se tomará un tiempo para decidir.

Más moderado que en otras oportunidades, el aspirante al Palacio del Planalto dijo que no tiene “ambición de poder”. Y en ese sentido, definió sus pretensiones como “una misión”.

Claro que no le fue fácil encontrar quien lo acogiera: recién se decidió por el PSL la primera semana de abril, poco antes que se cerrara el plazo para inscribir su afiliación. La semana pasada tuvo un contratiempo: se le escurrió entre las manos un acuerdo con partidos de “centro” que le hubieran dado tiempo de TV.

Estos prefirieron, finalmente, cerrar filas alrededor del presidenciable del PSDB, el socialdemócrata Geraldo Alckmin. Con todo, en el círculo “bolsonarista” decían que “no hay mal que por bien no venga”. El propio pretendiente se encargó de demostrarlo. Fue cuando dijo: “De un lado está la izquierda; del otro está el “centro”. Voy a tener que darle gracias a Alckmin por haberse llevado la nata de lo peor que hay en Brasil”.

Es que entre los dirigentes de las agrupaciones centristas, que terminaron por volcarse a favor del socialdemócrata, hay varios acusados de corrupción e, inclusive, quien ya pasó por la cárcel. “Brasil no aguanta otros cuatro años ni del PT ni del PSDB”, bramó el presidenciable en la convención, para ser aplaudido a rabiar cuando concluyó: “Juntos vamos a rescatar nuestro Brasil”.

Pese a su fama de rudo y radical, el programa económico que defiende el ex militar se atiene al perfil de los “Chicago boys”, delineado por el financista y exbanquero Guedes.

De allí que en la cita de ayer con su público haya defendido a capa y espada las privatizaciones de estatales: “Queremos buscar la liberación de nuestra economía; buscar el liberalismo. Y vamos no solo a privatizar sino también a extinguir la mayoría de las estatales.

Solo preservaremos las estratégicas”. Es que para el público militar que lo acompaña hay tabúes en esto de vender las empresas públicas. No todos apoyan entregar aquellas compañías consideradas claves para la defensa nacional.

En ese tren, decidió halagar a quienes más lo secundan: “Mis amigos y hermanos policías y militares. Voy a conseguir la retaguardia jurídica para que puedan cumplir bien su misión. Hermanos de la Marina, del Ejército y de la Aeronáutica: serán reconocidos en mi gobierno, porque siempre son atacados. Son agredidos por los absurdos de esa izquierda por que ustedes son el último obstáculo al socialismo”.

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